Desaceleración económica en México: perspectivas 2026

México enfrenta desaceleración económica sin crisis inminente

  • México entra a 2026 con menor dinamismo, pero sin señales de una crisis severa o colapso generalizado.
  • El escenario base apunta a un crecimiento del PIB alrededor de 1.5%, con un escenario adverso de 0.2%–0.3% si se complica el frente petrolero.
  • La inflación se mantiene contenida: general por debajo de 4% y subyacente cerca de 4.2%, aunque con riesgos al alza por energía y alimentos.
    (Inflación subyacente: medida que excluye componentes más volátiles —como energía y algunos alimentos— para aproximar la tendencia de precios más persistente.)
  • El T-MEC sigue siendo un ancla clave para inversión y comercio, aun con presiones políticas desde Estados Unidos.

Contexto de esta lectura: los datos y citas atribuidas a Luis Gonzali provienen de una nota de La Jornada (Economía), publicada el **11 de junio de 2026.

Riesgos macro por energía e inflaciónTesis en una frase: el escenario descrito por Luis Gonzali apunta a un enfriamiento tipo 2001 (impactos acotados) más que a un shock sistémico como 2008 o 2020.Crecimiento (escenarios): base ≈ 1.5%; adverso 0.2%–0.3% si el frente petrolero se complica.Inflación (foto actual): general <4% y subyacente ≈4.2%; el riesgo es un repunte hacia ~5% si se prolongan tensiones.Canal de riesgo dominante: energía → combustibles/logística → alimentos (fertilizantes) → presión en precios y márgenes.

Panorama actual de la economía mexicana

En 2026, la conversación económica en México se ha movido de “recalentamiento” a “enfriamiento”. Lo que vemos es una desaceleración: menor ritmo de actividad, más cautela en inversión y decisiones de gasto, y un entorno externo que se volvió más ruidoso. La diferencia con episodios como 2008 o 2020 es el tipo de choque: hoy no hay un evento que apunte a un paro súbito de la economía, sino una combinación de incertidumbre y presiones de costos que recortan el margen de maniobra.

Luis Gonzali, vicepresidente y codirector de inversiones en Franklin Templeton México, lo resumió en un seminario con una comparación útil para empresas: esto se parece más a 2001 que a una crisis financiera o sanitaria. En términos prácticos, esa analogía sugiere impactos acotados: ajustes en planes, más selectividad en crédito y proyectos, y un ciclo donde la prioridad se vuelve proteger flujo de caja y márgenes, más que perseguir crecimiento agresivo.

El frente externo está marcando el pulso de los siguientes meses. Gonzali subrayó que “lo que pasará en el mercado los siguientes meses, se centra en lo que pase con la guerra de Irán”. Esa frase importa porque conecta con un canal directo hacia México: energía, combustibles, logística y alimentos. Cuando el costo de mover mercancía sube o se vuelve volátil, la desaceleración se siente primero en inventarios, tiempos de entrega y capital de trabajo.

Al mismo tiempo, el cuadro macro no es de desorden inflacionario. La inflación se mantiene contenida. Eso es relevante para el día a día empresarial: permite que los contratos, listas de precios y presupuestos no se reescriban cada mes, aunque sí obliga a mantener disciplina en costos y en negociación con proveedores.

En balance, es una economía que pierde velocidad, pero que todavía conserva amortiguadores: inflación relativamente controlada, grado de inversión vigente y un marco comercial (T-MEC) que sigue siendo la principal ventaja comparativa frente a competidores como China o el sudeste asiático. La pregunta para 2026 no es “si viene una crisis”, sino qué tan profunda será la desaceleración y qué tan persistentes serán los choques externos.

Motores y frenos 2026
Marco rápido para leer 2026: “motores y frenos”
Motores (lo que sostiene actividad):
Inflación contenida (por ahora) → menos necesidad de reescribir precios/contratos cada mes.Grado de inversión vigente → reduce el riesgo de un shock de financiamiento “por país”.T-MEC como ancla → mantiene a México en el mapa de cadenas regionales.

Frenos (lo que recorta crecimiento):Choque de costos (energía/logística/alimentos) → presión directa a márgenes.Incertidumbre externa (geopolítica y comercio) → inversión más cauta.Sensibilidad del consumo a alimentos/energía → demanda más frágil si suben precios.

Cómo usarlo en planeación: si los frenos dominan, prioriza liquidez y eficiencia; si los motores dominan, crece con disciplina (sin sobreinventario ni sobrecapacidad).

Proyecciones de crecimiento del PIB para 2026

Las proyecciones para 2026 se han vuelto un ejercicio de escenarios. En el escenario base mencionado por Luis Gonzali, el PIB crecería alrededor de 1.5%. Ese número, por sí solo, ya describe una economía con tracción moderada: suficiente para evitar un deterioro generalizado, pero insuficiente para que la mayoría de sectores “sientan” expansión amplia.

El punto crítico es el escenario adverso: si el choque petrolero se intensifica, el crecimiento podría bajar cerca de cero. En términos empresariales, esa diferencia no es marginal. Un país creciendo 1.5% suele permitir que la demanda agregada y el comercio mantengan cierta inercia; un país creciendo cerca de cero obliga a operar con supuestos más conservadores: ventas más planas, mayor competencia por precio y más sensibilidad a cualquier aumento de costos.

La lógica detrás de ese escenario adverso está anclada en el canal energético. Si los precios del petróleo y sus derivados se elevan por disrupciones de suministro, el impacto se filtra por varias vías:

  • Costos de transporte y distribución (diésel, gasolina, fletes).
  • Costos de producción en industrias intensivas en energía.
  • Presión sobre alimentos (por fertilizantes y logística), que termina afectando consumo y negociación salarial.

En paralelo, otras instituciones han recortado expectativas hacia un rango de crecimiento modesto. Banxico, por ejemplo, revisó su proyección de crecimiento para 2026 a 1.1%, citando debilidad de actividad y persistencia de incertidumbre comercial. En el mismo vecindario se ubican estimaciones de IMEF y Finamex (alrededor de 1.1%–1.3%), lo que refuerza una lectura: el consenso se ha movido hacia un 2026 de crecimiento bajo.

Fuente / escenario Crecimiento 2026 Qué está detrás del número (en una línea)
Escenario base (Luis Gonzali) ~1.5% Crecimiento bajo, pero con amortiguadores (inflación contenida y sin colapso generalizado).
Escenario adverso (Luis Gonzali) 0.2%–0.3% Choque petrolero más fuerte → costos y volatilidad que enfrían demanda.
Banxico (referencia de mercado reportada) 1.1% Debilidad de actividad e incertidumbre comercial.
IMEF (estimación citada en el texto) 1.1%–1.3% Lectura de crecimiento modesto con cautela en inversión.
Finamex (estimación citada en el texto) 1.1%–1.3% Recuperación lenta y vulnerable ante choques externos.

Para quienes toman decisiones de financiamiento y operación, el valor de estas cifras no está en “adivinar” el dato final, sino en traducirlo a supuestos de planeación:

  • Si el escenario base (≈1.5%) se sostiene, el reto es capturar demanda sin sobreinvertir.
  • Si el escenario adverso (≈0.2%–0.3%) se materializa, el reto es sobrevivir sin sacrificar capacidades clave: cartera, inventario crítico, proveedores estratégicos y acceso a crédito.

En ambos casos, 2026 se perfila como un año donde la ventaja competitiva no será solo vender más, sino financiar mejor el ciclo operativo: cobrar más rápido, pagar con estrategia, y reducir exposición a volatilidad de costos.

Inflación y su control en México

La inflación es el termómetro que más rápido llega al estado de resultados. En 2026, el dato central es que México mantiene la inflación relativamente controlada, de acuerdo con lo expuesto por Luis Gonzali. Esto no significa ausencia de presiones, sino que —hasta ahora— el fenómeno no se ha desanclado.

La distinción entre inflación general y subyacente importa para empresas. La general incorpora componentes volátiles (energía y algunos alimentos), mientras que la subyacente intenta capturar la tendencia más persistente. Que la subyacente esté alrededor de 4.2% sugiere que el “piso” inflacionario sigue por encima del objetivo de largo plazo, y que el control es parcial: hay estabilidad, pero no complacencia.

El riesgo inflacionario de corto plazo está ligado a la disrupción energética y a insumos agrícolas. Gonzali advirtió que, si se prolongan las tensiones, la inflación podría repuntar hacia 5%, aunque lejos de los niveles observados en 2022. Para planeación financiera, ese “5%” funciona como escenario de estrés: no es hiperinflación, pero sí suficiente para erosionar márgenes si los ajustes de precios se quedan atrás o si los contratos de suministro no contemplan variaciones.

En el frente monetario, Banxico ha podido operar con mayor margen que en años de inflación alta. En reportes citados por medios como Forbes México, Banxico proyecta inflación general alrededor de 3.5% al cierre de 2026 y ha reducido gradualmente su tasa de referencia hasta 6.5%, manteniendo cautela por riesgos. En esta pieza tomamos esas cifras como referencia de mercado tal como fueron reportadas.
Para empresas, esto se traduce en dos implicaciones simultáneas:

  1. El costo del dinero puede dejar de subir (o incluso bajar gradualmente), lo que ayuda a refinanciar o reestructurar pasivos.
  2. La volatilidad no desaparece, porque el banco central seguirá reaccionando si energía y alimentos reavivan presiones.

En la práctica, el control inflacionario en 2026 se parece a un equilibrio frágil: estable mientras los choques externos no se intensifiquen, pero sensible a eventos geopolíticos. Por eso, más que apostar a un solo número, conviene operar con bandas: presupuestos con rangos, cláusulas de ajuste y disciplina de capital de trabajo para absorber picos temporales.

Indicadores clave de inflación
Checklist para “vigilar” inflación sin perderse (en operación y finanzas):
General vs. subyacente: si la subyacente se mantiene alta o sube, la presión es más persistente (no solo “ruido” de energía).Energía y combustibles: revisa semanalmente el impacto en fletes, rutas y recargos por combustible.Alimentos/insumos agrícolas (fertilizantes): monitorea si el alza ya está llegando a tu canasta de compras (comedores, retail, insumos).Tasa de Banxico (y tono): más que el número, observa si el banco central se vuelve más “cauto” por riesgos; eso suele anticipar crédito más selectivo.Señales internas de estrés: proveedores acortando vigencias de cotización, clientes pidiendo más plazo, y márgenes comprimidos por no poder trasladar costos.

Impacto de la disrupción en el suministro petrolero

El petróleo vuelve a ser protagonista no por una narrativa abstracta, sino por un punto geográfico concreto: el estrecho de Ormuz. Según lo expuesto por Luis Gonzali, el cierre parcial de esa ruta ha generado disrupción en el suministro petrolero, elevando la presión sobre precios de energía. A eso se suma una reducción de fertilizantes, que empuja costos de alimentos. Es una combinación especialmente sensible para México porque pega en dos rubros que se transmiten rápido a toda la economía: combustibles y canasta básica.

Para empresas que importan o exportan, el canal de transmisión suele verse así:

  • Energía más cara → fletes y logística más caros → costo unitario sube.
  • Alimentos más caros → presión sobre gasto de hogares → consumo se ajusta.
  • Volatilidad → proveedores acortan vigencias de cotización → más fricción en compras.

En el corto plazo, el efecto más visible es el de combustibles. Cuando la gasolina y el diésel suben, sube el costo de mover mercancía dentro del país y hacia la frontera. Eso afecta tanto a manufactura como a distribución, y obliga a revisar tarifas, rutas, consolidación de carga y, en algunos casos, políticas de inventario (más stock para evitar urgencias logísticas, o menos stock para no inmovilizar capital si la demanda se enfría).

El segundo efecto —fertilizantes— es menos inmediato, pero igual de importante. Una reducción de fertilizantes tiende a presionar precios de alimentos, y los alimentos son un componente con alta sensibilidad social y económica. Para empresas, esto puede traducirse en:

  • Mayor presión en negociaciones salariales (por costo de vida).
  • Cambios en patrones de consumo (más sustitución hacia marcas económicas).
  • Mayor dificultad para trasladar aumentos de costos si el consumidor final se vuelve más elástico al precio.

Gonzali también puso el foco en el horizonte: si las tensiones se prolongan, la inflación podría acercarse a 5%. En ese caso, el choque petrolero deja de ser “ruido” y se vuelve un factor que puede recortar crecimiento hacia el escenario adverso (0.2%–0.3%). Dicho de otro modo: energía cara por más tiempo no solo encarece operar; también enfría demanda.

Para la empresa mediana, el aprendizaje es operativo: en un entorno donde el precio de la energía puede moverse por eventos geopolíticos, la gestión de riesgo no es opcional. No siempre se trata de coberturas financieras; a veces es tan básico como renegociar términos logísticos, diversificar proveedores, o rediseñar el mix de productos hacia líneas con mejor margen para absorber costos.

Cadena de impacto en costos
Paso a paso del traspaso (y dónde se “rompe” el plan):

1) Evento externo (Ormuz / tensión geopolítica) → sube el riesgo de suministro.Checkpoint: ¿tu proveedor de combustibles/fletes ya cambió recargos o vigencias?

2) Crudo y refinados más caros/volátiles → gasolina/diésel presionan costos.Checkpoint: ¿tu costo logístico por unidad (o por km) ya se movió vs. presupuesto?

3) Fletes y logística → suben costos de distribución e importación.Checkpoint: ¿tus contratos tienen cláusula de ajuste por combustible o estás absorbiendo todo?

4) Alimentos e insumos agrícolas (fertilizantes + logística) → presión en canasta básica.Checkpoint: ¿ves sustitución de consumo o más sensibilidad a precio en tus ventas?

5) Inflación y márgenes → si no se traslada precio, cae margen; si se traslada, puede caer volumen.Checkpoint: ¿tienes banda de precios/escenarios (base vs estrés) y gatillos de ajuste?

6) PIB (demanda agregada) → energía cara sostenida enfría consumo e inversión.Checkpoint: ¿tu plan de caja contempla ventas planas y días de cobro más largos?

Medidas del gobierno para mitigar la inflación

En este episodio, el gobierno federal ha intervenido en un punto específico del mecanismo inflacionario: el precio de los combustibles. De acuerdo con Luis Gonzali, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha mitigado los efectos de la disrupción energética mediante subsidios a las gasolinas.

Esa medida tiene una lectura directa para empresas: busca amortiguar el traslado inmediato del choque petrolero al precio final de transporte y distribución. En un país donde una parte importante de la logística depende de carretera, contener el precio de gasolina puede evitar que el aumento de costos se convierta en una espiral de precios en cascada.

Ahora bien, un subsidio no elimina el choque; lo redistribuye en el tiempo y reduce su velocidad de transmisión. Para la planeación financiera, eso implica dos cosas:

  1. Menor volatilidad inmediata en costos de combustible, lo que ayuda a presupuestar rutas, entregas y tarifas.
  2. Persistencia del riesgo si el choque externo se prolonga: el subsidio puede suavizar, pero no puede cambiar el hecho de que el insumo base está bajo presión.

En términos de inflación, la medida ayuda a explicar por qué la inflación general se mantiene por debajo de 4% pese a tensiones externas. Pero también conviene leerla como una política de contención: si la presión se intensifica (por ejemplo, si el cierre parcial de Ormuz se agrava), el costo de mantener el amortiguador puede aumentar y el margen de maniobra se vuelve más estrecho.

Para empresas importadoras y exportadoras, el punto práctico es revisar cómo se forman sus costos logísticos. Si el combustible está parcialmente amortiguado, puede ser un buen momento para:

  • Recalibrar contratos de flete (cláusulas de ajuste por combustible).
  • Medir sensibilidad del margen a variaciones de energía.
  • Evitar fijar precios de largo plazo sin mecanismos de revisión.

La mitigación vía subsidios semanales también sugiere que el gobierno está reaccionando con instrumentos de corto plazo. Eso es útil para estabilizar, pero no sustituye la necesidad empresarial de construir resiliencia: márgenes, eficiencia logística y disciplina de capital de trabajo para navegar meses con shocks intermitentes.

Pros y contras del subsidio
Subsidios a gasolinas: lo que resuelven y lo que no
A favor (por qué ayudan):
Amortiguan el traspaso inmediato del choque petrolero a fletes y distribución.Reducen la probabilidad de una cascada de aumentos (logística → precios finales).Dan una ventana para recalibrar contratos y presupuestos sin cambios diarios.

En contra (límites y costos):Trasladan parte del choque a un costo fiscal (alguien lo paga, solo cambia el canal).Pueden distorsionar señales de precio: si el choque dura, la economía sigue enfrentando el costo real tarde o temprano.Pierden efectividad si la presión externa se prolonga: el “amortiguador” se vuelve más caro de sostener.

Cuándo conviene ser más conservador en tu plan: si el subsidio se vuelve más volátil (cambia semana a semana) o si el precio internacional sigue subiendo, asume bandas más amplias en logística y margen.

Grado de inversión y perspectivas de las agencias calificadoras

En un año de desaceleración, el “termómetro” de confianza país suele ser el crédito soberano. Aquí, el dato clave es que México mantiene su grado de inversión, con perspectiva neutral en la mayoría de agencias calificadoras, según lo señalado por Luis Gonzali. Para el financiamiento empresarial, esto importa porque el riesgo soberano funciona como piso (o techo) del costo de capital: si el país se percibe más riesgoso, se encarece el fondeo para bancos y empresas; si se mantiene estable, el crédito no se abarata por arte de magia, pero evita un shock adicional.

La perspectiva neutral sugiere que, por ahora, las agencias no están anticipando un deterioro inmediato que obligue a recortar calificación. En un entorno de desaceleración, esa estabilidad es un activo: reduce la probabilidad de un ajuste abrupto en spreads, y ayuda a que el mercado siga diferenciando entre empresas por su propio riesgo, en lugar de castigar a todos por igual.

Dicho esto, el grado de inversión no es un blindaje contra volatilidad. En 2026, los riesgos que se discuten en el mercado —y que se reflejan en la cautela de crecimiento— incluyen choques externos (energía, geopolítica) y la incertidumbre comercial. Si esos factores se intensifican, el costo financiero puede moverse aunque la calificación no cambie.

Elemento Lo que dice el artículo Qué suele vigilar el mercado en este contexto
Grado de inversión México lo mantiene Trayectoria de deuda/finanzas públicas y capacidad de pago sin “sorpresas”.
Perspectiva Neutral en la mayoría Si los riesgos (energía, crecimiento bajo, incertidumbre) se vuelven persistentes, sube la sensibilidad de spreads.
Implicación para empresas Piso de costo de capital más estable Aun sin downgrade, puede haber selectividad bancaria y cambios en condiciones (plazos, covenants).

Para CFOs y tesorerías, la lectura operativa es:

  • Ventana para ordenar pasivos: si el país conserva grado de inversión y Banxico opera con inflación contenida, puede haber espacio para refinanciar, extender plazos o mejorar estructura de deuda, dependiendo del perfil de cada empresa.
  • Disciplina de covenants y liquidez: en desaceleración, los bancos se vuelven más selectivos. Mantener métricas sanas (cobertura de intereses, apalancamiento, capital de trabajo) se vuelve parte de la estrategia comercial, no solo financiera.
  • Separar riesgo país de riesgo empresa: en un entorno neutral, la diferencia la hace la calidad de información, la trazabilidad de flujos y la gestión de cartera.

En síntesis: el grado de inversión vigente reduce el riesgo de un “accidente” financiero sistémico, pero no elimina el reto central de 2026: crecer poco, con shocks externos que pueden presionar inflación y márgenes.

Importancia del T-MEC en la economía mexicana

En la desaceleración de 2026, el T-MEC aparece como un ancla. Gonzali lo planteó con claridad: aunque podrían surgir presiones del gobierno de Trump para obtener concesiones por parte de México, el T-MEC será clave para mantener al país como destino atractivo frente a competidores como China o el sudeste asiático.

Para empresas que viven del comercio exterior, el T-MEC no es un concepto jurídico; es un conjunto de certezas operativas: reglas de origen, acceso preferencial, integración de cadenas productivas y un marco que reduce el riesgo de cambios súbitos en condiciones de mercado. En un mundo donde la geopolítica está reordenando cadenas de suministro, esa previsibilidad vale.

La advertencia sobre presiones políticas también es relevante: incluso sin cambios formales al tratado, la incertidumbre puede afectar decisiones de inversión. Cuando una empresa global evalúa dónde colocar capacidad productiva, no solo mira costos laborales o cercanía; mira estabilidad de reglas. Si el T-MEC se percibe como negociable o sujeto a tensiones, algunos proyectos se retrasan, se fragmentan o se condicionan.

En análisis externos citados por consultoras y medios, la revisión del T-MEC en 2026 ha sido un foco de incertidumbre que puede inducir un “wait and see” en inversión. Para México, eso se traduce en un crecimiento más bajo del potencial inmediato, aun si la demanda externa no colapsa.

En el terreno práctico, el T-MEC influye en tres decisiones empresariales típicas:

  1. Planeación de capacidad: expandir planta, líneas o turnos depende de la visibilidad de demanda y reglas comerciales.
  2. Estrategia de proveeduría: el origen de insumos y el cumplimiento de reglas se vuelven parte del costo total.
  3. Financiamiento del ciclo exportador: cuando hay incertidumbre, los plazos de cobro, inventarios y buffers logísticos tienden a crecer,
T-MEC como ancla de previsibilidad
Lectura experta (por qué el T-MEC “pesa” más en desaceleración):

Luis Gonzali (vicepresidente y codirector de inversiones en Franklin Templeton México) enfatiza que, aun con presiones políticas desde Estados Unidos, el T-MEC funciona como ancla de previsibilidad frente a competidores como China o el sudeste asiático. En la práctica, esa previsibilidad se traduce en decisiones de inversión menos “binarias”: proyectos que quizá no se cancelan, pero sí se posponen o se condicionan a claridad en reglas (origen, acceso preferencial y continuidad del marco). Para empresas mexicanas, el efecto se ve en capital de trabajo: más inventario de seguridad, buffers logísticos y plazos de cobro más largos cuando el entorno se vuelve incierto.

Este análisis se escribe desde el ángulo de Mundi: cómo una desaceleración con choques externos (energía, tipo de cambio y reglas comerciales) termina afectando decisiones de capital de trabajo en empresas mexicanas que importan y exportan.

Este texto refleja información públicamente disponible a la fecha de publicación y cifras citadas en medios. En temas como energía, inflación y comercio, los supuestos pueden variar rápidamente ante cambios en precios internacionales o en el entorno geopolítico. Úsalo como una guía de escenarios y preguntas para la planeación, no como un pronóstico único; podrían surgir actualizaciones con nueva información.