Inversión extranjera en México: nearshoring y proyecciones 2026
México avanza en inversión extranjera pero enfrenta desafíos
- México captó 41,000 mdd de IED en 2025 y volvió al top 10 mundial (UNCTAD).
- El avance convive con una señal de cautela: los proyectos greenfield (anuncios de nuevas plantas o nuevas capacidades productivas) bajaron de ~44,000 mdd a 24,000 mdd.
- La IED global creció 6% en 2025 (a 1.6 billones de dólares), pero de forma desigual entre desarrollados y emergentes.
- Para convertir el nearshoring en nuevas plantas, México necesita proveedores, talento e infraestructura (transporte y energía).
| Indicador (UNCTAD, cifras 2025) | 2024 | 2025 | Lectura rápida |
|---|---|---|---|
| IED hacia México (mdd) | 38,000 | 41,000 | Más capital total, mejora de ranking |
| Proyectos greenfield en México (mdd, anuncios) | ~44,000 | 24,000 | Menos anuncios de nuevas plantas/capacidad |
| IED mundial (billones de USD) | — | 1.6 | Recuperación global, pero frágil |
| Crecimiento IED mundial | — | +6% | Rebote tras dos años de caídas |
México en el ranking mundial de IED
México regresó en 2025 al top 10 de destinos globales de inversión extranjera directa (IED), un dato que, leído en frío, confirma que el país sigue siendo “invertible” en un entorno internacional más incierto y con financiamiento más caro. De acuerdo con el World Investment Report 2026 de la UNCTAD (cifras de 2025 reportadas por el organismo), México captó 41,000 millones de dólares de IED en 2025, por encima de los 38,000 millones del año previo (como se señaló arriba). Ese incremento lo movió del lugar 11 al 10 entre los mayores receptores del mundo.
| Ranking UNCTAD (IED recibida en 2025) | País | IED (mdd) |
|---|---|---|
| 1 | Estados Unidos | 277,000 |
| 2 | Singapur | 151,000 |
| 3 | Hong Kong | 116,000 |
| 4 | China | 105,000 |
| 5 | Brasil | 77,000 |
| 6 | Reino Unido | 75,000 |
| 7 | Alemania | 74,000 |
| 8 | Canadá | 67,000 |
| 9 | Emiratos Árabes Unidos | 48,000 |
| 10 | México | 41,000 |
En el tablero global, México quedó por debajo de economías que concentraron montos superiores: Estados Unidos (277,000 mdd), Singapur (151,000 mdd), Hong Kong (116,000 mdd), China (105,000 mdd), Brasil (77,000 mdd), Reino Unido (75,000 mdd), Alemania (74,000 mdd), Canadá (67,000 mdd) y Emiratos Árabes Unidos (48,000 mdd). La lectura práctica para empresas mexicanas es que el país compite en una liga donde el capital se dirige a hubs logísticos, financieros e industriales con capacidad de absorber proyectos grandes y complejos.
El ascenso de México también se entiende por contraste: superó a India (39,000 mdd), Australia (35,000 mdd), Arabia Saudita (33,000 mdd), Suecia (30,000 mdd), Francia (22,000 mdd), Indonesia (21,000 mdd) y Vietnam y España (20,000 mdd cada uno). No es un detalle menor: varios de esos países son competidores directos en manufactura, atracción de cadenas de suministro y proyectos industriales.
UNCTAD atribuye el avance mexicano a su papel dentro de las redes regionales de producción de Norteamérica, además de inversión en servicios y manufactura. En otras palabras: México no está “de moda” por sí solo; está bien posicionado porque forma parte de un sistema productivo regional donde la cercanía al mercado estadounidense y la integración industrial pesan en la decisión de inversión.
En América Latina, México se mantuvo como el segundo mayor receptor de IED, solo detrás de Brasil (77,000 mdd). Para nosotros, que miramos el comercio exterior desde el flujo de caja de empresas medianas, este punto importa: cuando México atrae IED, suele venir acompañada de más actividad en importaciones de insumos, exportaciones de producto terminado y, por tanto, más presión (y oportunidad) sobre capital de trabajo, plazos de cobro y gestión de liquidez.
El matiz clave es que el ranking no dice todo. Subir posiciones puede reflejar reinversión y expansión de operaciones existentes, no necesariamente una ola de nuevas plantas. Y esa distinción —entre “más dinero” y “más proyectos productivos nuevos”— es la que define si el nearshoring se traduce en capacidades adicionales, nuevos proveedores locales y contratos para pymes, o si se queda concentrado en jugadores ya instalados.
Estados Unidos como líder en IED
En 2025, Estados Unidos se mantuvo como el mayor receptor mundial de IED, con 277,000 millones de dólares, según UNCTAD. Para México, este dato no es solo una curiosidad de ranking: es una señal de dónde se está concentrando el capital global y, por extensión, de cómo se reconfiguran las cadenas de suministro que terminan conectando con plantas mexicanas, exportadores y proveedores.
La posición de Estados Unidos al frente del listado convive con otro fenómeno que UNCTAD subraya: la inversión global reciente se ha apoyado en megaproyectos, particularmente centros de datos vinculados a la inteligencia artificial. Es decir, el capital no solo busca mano de obra o cercanía a mercados; también busca infraestructura digital, energía, y ecosistemas tecnológicos capaces de sostener operaciones intensivas en datos y en consumo energético.
Para empresas mexicanas integradas a cadenas norteamericanas, el liderazgo de Estados Unidos tiene dos implicaciones operativas:
- La demanda y el ciclo de inversión estadounidense importan más que nunca. Si el capital se sigue desplegando allá —en tecnología, manufactura avanzada o energía—, México puede capturar parte del efecto arrastre vía proveeduría, logística y manufactura complementaria. Pero si el entorno se vuelve más volátil, el ajuste también se transmite rápido hacia el sur.
- La competencia por proyectos se vuelve regional, no solo nacional. Cuando una empresa global decide dónde poner capacidad productiva o tecnológica, compara ubicaciones dentro de Norteamérica: estados de EE. UU., provincias canadienses y corredores industriales mexicanos. En ese contexto, México compite con ventajas claras (integración productiva, cercanía, experiencia manufacturera), pero también con limitantes que UNCTAD menciona para la región: infraestructura, energía, capital humano y certidumbre.
UNCTAD advierte que el panorama hacia 2026 seguirá marcado por riesgos: tensiones geopolíticas, conflictos, mayor costo del financiamiento, competencia tecnológica y volatilidad en la política comercial. En la práctica, esto significa que el apetito por invertir puede existir, pero los comités de inversión tienden a pedir más “pruebas” antes de autorizar proyectos: contratos más largos, garantías de suministro energético, claridad regulatoria y planes de mitigación de riesgos.
Desde la óptica de tesorería y finanzas corporativas, el liderazgo de Estados Unidos también se traduce en un punto muy concreto: cuando el financiamiento global se encarece o se vuelve selectivo, muchas decisiones se toman en la matriz. Eso puede empujar a filiales y proveedores a operar con más disciplina de capital de trabajo: inventarios más ajustados, negociación de plazos, y mayor necesidad de instrumentos que conviertan cuentas por cobrar en liquidez sin esperar 60, 90 o 120 días.
En resumen: que Estados Unidos sea el principal receptor de IED no “le quita” inversión a México por definición. Pero sí define el ritmo y el tipo de proyectos que dominan la región, y eleva el estándar de lo que México debe ofrecer para convertir integración comercial en inversión productiva nueva.
Caída en proyectos greenfield en México
El dato más revelador del reporte de UNCTAD no es solo que México captó más IED en 2025, sino cómo llegó ese capital. Aunque los flujos aumentaron, el valor de los proyectos greenfield —anuncios de nuevas plantas o nuevas capacidades productivas— cayó de alrededor de 44,000 millones de dólares a 24,000 millones. Es una reducción significativa que, en términos empresariales, suele traducirse en menos licitaciones nuevas, menos construcción industrial y una incorporación más lenta de nuevos proveedores locales.
Interpretar IED y greenfield en 2025
Cómo leer “más IED” cuando caen los greenfield (UNCTAD)IED total (flujos): dinero que entra al país en un año. Puede incluir nuevas inversiones, reinversión de utilidades y movimientos intraempresa (por ejemplo, capitalizaciones o préstamos entre matriz y filial).Greenfield (anuncios de proyectos): valor estimado de nuevas plantas o nueva capacidad anunciada. Es un buen termómetro de expansión física futura, pero no siempre se ejecuta en el mismo año.Reinversión/expansión de operaciones existentes: suele reflejar continuidad y crecimiento incremental; para proveedores, a menudo significa que se profundizan relaciones ya establecidas.
Checkpoint para interpretar 2025: si sube la IED total pero baja el greenfield, el mensaje típico es “hay capital y confianza en lo ya instalado, pero más cautela para apostar por capacidad completamente nueva”.
UNCTAD interpreta esta caída como evidencia de que varias empresas pospusieron o redujeron nuevos proyectos ante la incertidumbre comercial e industrial en Norteamérica. La palabra clave aquí es “incertidumbre”: no necesariamente implica cancelación definitiva, pero sí un cambio en el calendario y en el tamaño de las apuestas. En un entorno donde la política comercial puede volverse más volátil y el financiamiento más caro, muchas compañías prefieren expandir gradualmente, probar demanda y asegurar insumos antes de comprometerse con una planta nueva.
En la práctica, esto ayuda a explicar por qué el nearshoring “pierde brillo” como narrativa de una ola inmediata de fábricas, aunque México siga recibiendo capital. Una parte importante de la IED habría llegado mediante reinversión de utilidades y expansión de operaciones existentes. Para el país, la reinversión es positiva: indica que empresas ya instaladas siguen viendo retorno y continuidad. Pero para el ecosistema de proveedores, la reinversión puede ser menos “disruptiva” que un greenfield: tiende a profundizar relaciones ya establecidas y a concentrarse en corredores industriales maduros.
Para una empresa mediana mexicana, la diferencia entre greenfield y reinversión se siente en decisiones muy concretas:
- Pipeline comercial: los greenfield suelen abrir oportunidades de nuevos contratos desde cero (proveeduría, logística, servicios industriales). La reinversión, en cambio, puede reforzar proveedores actuales.
- Planeación de capacidad: si hay menos plantas nuevas, la demanda incremental puede ser más gradual, lo que reduce el riesgo de sobreinvertir en maquinaria o inventario, pero también limita el crecimiento acelerado.
- Capital de trabajo: expansiones de operaciones existentes pueden aumentar volúmenes sin cambiar de inmediato los términos comerciales; aun así, presionan cuentas por cobrar y por pagar.
UNCTAD también deja claro que el nearshoring, por sí solo, no se materializa únicamente con cercanía geográfica o con el T-MEC (como se señaló arriba). Para que los anuncios se conviertan en proyectos greenfield, México necesita fortalecer proveedores locales, capital humano e infraestructura de transporte y energía. Si esos elementos no avanzan, las decisiones de inversión pueden mantenerse “en pausa”, o migrar hacia expansiones pequeñas y escalonadas.
Este punto es especialmente relevante para sectores que hoy compiten por inversión global: manufactura avanzada, electrónica, centros de datos y semiconductores. Son actividades que no solo requieren mano de obra; requieren energía confiable, logística eficiente y talento técnico. Cuando esos insumos son inciertos, el inversionista puede optar por ampliar una línea existente en lugar de construir una planta nueva.
En síntesis: México ganó en flujos de IED y en ranking, pero la caída en greenfield sugiere un 2025 de cautela. Para 2026, el reto no es “atraer capital” en abstracto, sino destrabar las condiciones que convierten interés en proyectos productivos nuevos.
Potencial del nearshoring en México
UNCTAD reconoce que el nearshoring en México y Centroamérica mantiene un “fuerte potencial”, aunque con realización limitada durante 2025. Esa frase resume bien el momento: la oportunidad existe, pero su materialización depende de condiciones operativas que, para una empresa, se traducen en costos, tiempos y riesgos medibles.
El potencial de México se apoya en su rol dentro de las redes regionales de producción de Norteamérica y en la integración que habilita el T-MEC. En términos prácticos, esto significa que México puede capturar inversión que busca acortar cadenas de suministro, reducir tiempos logísticos y operar más cerca del mercado final. Pero UNCTAD advierte que no basta con la cercanía a Estados Unidos ni con el marco comercial: hace falta capacidad interna para ejecutar.
Los cuatro habilitadores que el organismo pone sobre la mesa son claros:
- Proveedores locales. Sin una base de proveeduría más profunda, muchas plantas —nuevas o ampliadas— seguirán importando componentes, lo que limita el “derrame” hacia pymes mexicanas. Para empresas medianas, aquí hay una oportunidad: certificaciones, cumplimiento y capacidad de entrega pueden ser la diferencia entre entrar a una cadena o quedarse fuera.
- Capital humano. La inversión productiva moderna demanda perfiles técnicos y operativos especializados. Si el talento no está disponible, el proyecto se encarece o se retrasa. Para compañías ya integradas a exportación/importación, esto se traduce en una decisión: invertir en capacitación interna para sostener estándares de calidad y tiempos.
- Infraestructura de transporte. El nearshoring se gana o se pierde en la logística: cruces fronterizos, carreteras, ferrocarril, puertos secos, parques industriales. Cuando la infraestructura se satura, el costo real no es solo el flete: son inventarios más altos, más días de ciclo y más capital inmovilizado.
- Energía. Para manufactura y servicios intensivos en tecnología, la disponibilidad y confiabilidad energética es un factor de localización. Si no hay claridad sobre acceso, capacidad o costos, el inversionista ajusta el tamaño del proyecto o lo difiere.
De potencial a proyecto viable
Checklist rápido para “convertir potencial en proyecto” (desde la óptica de una empresa)Proveeduría: ¿puedes cumplir calidad/volumen con evidencia (PPAP, auditorías, trazabilidad, entregas OTIF) y no solo con promesa?Talento: ¿tienes plan de contratación/capacitación para turnos críticos (mantenimiento, calidad, automatización) antes de que llegue el pico de demanda?Logística: ¿tu ruta (planta–cruce–cliente) tiene alternativa si hay saturación? ¿ya mediste días de inventario “extra” por variabilidad?Energía: ¿tu operación tiene confirmación de capacidad y continuidad? Si el proyecto es intensivo en energía, ¿hay plan B (eficiencia, cogeneración, reubicación dentro del corredor)?Capital de trabajo: si el cliente paga a 60–120 días, ¿tienes línea/estructura para financiar inventario + cuentas por cobrar sin frenar crecimiento?
Si 2 o más respuestas quedan en “todavía no”, normalmente el nearshoring se vuelve expansión gradual (reinversión) en lugar de greenfield.
UNCTAD también señala que, en el contexto global, México aparece mejor posicionado que otros países por su integración con Norteamérica. Pero el reto es convertir esa ventaja en nuevas inversiones productivas, no solo en reinversiones. En el lenguaje de la empresa: pasar de “más volumen” a “más capacidad”, y de “más continuidad” a “más expansión”.
Para quienes toman decisiones financieras, el nearshoring tiene un canal de transmisión directo: el capital de trabajo. Cuando una cadena se relocaliza o se expande, suelen aumentar órdenes, inventarios y cuentas por cobrar. Si los plazos de cobro internacionales se estiran, la empresa puede crecer en ventas y aun así quedarse corta de liquidez. Por eso, el nearshoring no es solo un tema de parques industriales; es un tema de cómo se financia el ciclo operativo.
Finalmente, el potencial también depende del entorno de riesgos que UNCTAD anticipa para 2026: tensiones geopolíticas, costo del financiamiento y volatilidad comercial. En ese escenario, México puede ser un “puerto relativamente seguro” dentro de una región integrada, pero solo si ofrece condiciones de ejecución: certidumbre, infraestructura y capacidad productiva local.
Crecimiento desigual de la IED mundial
El desempeño de México en 2025 ocurrió dentro de una recuperación global que, aunque positiva, fue frágil y desigual. UNCTAD reporta que la IED mundial creció 6% en 2025, alcanzando 1.6 billones de dólares, después de dos años de caídas. El dato, por sí solo, sugiere un rebote. Pero el detalle importa: los flujos hacia economías desarrolladas aumentaron 11%, mientras que en economías en desarrollo solo crecieron 2%.
| Indicador global (UNCTAD, 2025) | Resultado | Qué sugiere |
|---|---|---|
| Crecimiento de IED mundial | +6% | Recuperación, pero no necesariamente sólida |
| IED mundial total | 1.6 billones USD | Tamaño del mercado de capital global |
| Flujos a economías desarrolladas | +11% | Mayor concentración en mercados maduros |
| Flujos a economías en desarrollo | +2% | Competencia más dura por capital en emergentes |
| Sectores impulsores | Centros de datos (IA), semiconductores, petróleo y gas | Preferencia por megaproyectos y sectores específicos |
| Sectores con debilidad | Manufactura intensiva en cadenas globales de valor, renovables, infraestructura tradicional | Menos tracción en rubros típicos de inversión productiva amplia |
Esta asimetría ayuda a entender por qué competir por capital será más exigente en 2026. Si el crecimiento se concentra en desarrollados, los mercados emergentes —incluido México— deben ofrecer una propuesta más sólida para capturar proyectos: menor fricción regulatoria, mejor infraestructura y claridad en reglas de operación. No se trata de “convencer” con discursos, sino de reducir riesgos que el inversionista puede cuantificar.
UNCTAD también subraya que la inversión se concentró en pocos sectores. El crecimiento fue impulsado sobre todo por megaproyectos de centros de datos ligados a la inteligencia artificial. En contraste, sectores como manufactura intensiva en cadenas globales de valor, energías renovables e infraestructura tradicional mostraron debilidad.
Para México, esta composición sectorial es un arma de doble filo:
- Por un lado, la integración con Norteamérica y la base manufacturera pueden alinearse con tendencias como semiconductores y manufactura avanzada.
- Por otro, si la manufactura “tradicional” y la infraestructura pierden tracción global, los proyectos que México suele atraer pueden volverse más selectivos o más lentos, especialmente si requieren grandes desembolsos iniciales.
UNCTAD advierte que el panorama para 2026 seguirá marcado por riesgos ya mencionados. En el día a día de una empresa mexicana, estos riesgos se traducen en variables concretas: clientes que ajustan inventarios, cambios en calendarios de compra, renegociación de términos, y mayor exigencia de cumplimiento.
En ese contexto, el hecho de que México haya subido al top 10 en 2025 es relevante, pero no garantiza una trayectoria lineal. La IED puede crecer y aun así cambiar de forma: más reinversión, menos greenfield; más proyectos digitales, menos infraestructura; más expansión incremental, menos apuestas grandes.
Para nosotros, la conclusión operativa es clara: cuando la IED global crece de manera desigual y concentrada, las empresas mexicanas deben prepararse para un entorno donde la oportunidad existe, pero la ejecución exige resiliencia financiera. Eso implica monitorear exposición a ciclos de Norteamérica, cuidar liquidez y entender que el nearshoring no es un “evento”, sino un proceso que avanza por etapas y que puede pausarse ante shocks de política comercial o de financiamiento.
Reflexiones sobre la Inversión Extranjera y el Nearshoring en México para 2026
El contexto actual de la inversión extranjera en México
Nosotros leemos el 2025 como un año de mejora en flujos y mejora en percepción (top 10), pero con una señal de cautela en el componente que más transforma
Equilibrios en IED y nearshoringMás IED total vs. menos greenfield: puede significar confianza en operaciones existentes, pero menos creación rápida de nueva capacidad y nuevos proveedores.Reinversión (continuidad) vs. greenfield (expansión): la reinversión suele ser más rápida y menos riesgosa; el greenfield suele detonar más encadenamientos, pero exige más certidumbre, energía e infraestructura.Oportunidad nearshoring vs. cuellos de botella: cercanía y T-MEC ayudan, pero sin proveedores, talento, transporte y energía, los proyectos tienden a “escalonarse” o posponerse.Crecimiento en sectores ganadores (IA/centros de datos) vs. debilidad en otros: abre ventanas para manufactura avanzada, pero eleva el estándar de infraestructura y consumo energético.
Este análisis está escrito desde la perspectiva de Mundi: solemos aterrizar estos movimientos (UNCTAD, IED, nearshoring y composición entre reinversión vs. greenfield) en decisiones de tesorería y capital de trabajo que enfrentan empresas medianas mexicanas que importan o exportan.
Las cifras y rankings citados reflejan la información públicamente disponible al momento de redactarse, según UNCTAD en el World Investment Report 2026 (con datos de 2025). En inversión extranjera, los montos pueden revisarse y los anuncios (como proyectos greenfield) no siempre se materializan en el mismo calendario. El contexto global y regional puede cambiar con rapidez por política comercial, condiciones de financiamiento y decisiones corporativas, por lo que podrían producirse actualizaciones.