Caída del 1.6% en recaudación del ISR 2026
- Entre enero y abril de 2026, los ingresos tributarios sumaron 2 billones 70 mil 803 mdp, una caída real de 1.6% anual (cifras reportadas por el SAT).
- La recaudación total quedó 40 mil 157.8 mdp por debajo de lo programado en la LIF 2026.
- El ISR recaudado fue 1 billón 148 mil 841 mdp, con un faltante de 55 mil 468.2 mdp vs LIF.
- En contraste, IVA e IEPS superaron lo previsto para el primer cuatrimestre.
| Concepto (ene–abr 2026) | SAT observado (mdp) | LIF 2026 programado (mdp) | Diferencia (SAT - LIF) (mdp) |
|---|---|---|---|
| Ingresos tributarios totales | 2,070,803.0 | 2,110,960.8 | -40,157.8 |
| ISR | 1,148,841.0 | 1,204,309.2 | -55,468.2 |
Nota de contexto: las cifras y comparaciones provienen del reporte del SAT y su contraste con la LIF 2026, retomados en la cobertura de El Financiero.
Caída real de los ingresos tributarios en 2026
El primer cuatrimestre de 2026 dejó una señal que, para quienes operamos y financiamos empresas en México, importa por una razón muy concreta: cuando la recaudación se queda corta, el margen fiscal se estrecha y el entorno de decisiones (gasto público, presión recaudatoria, fiscalización y devoluciones) tiende a volverse más exigente.
De acuerdo con el Servicio de Administración Tributaria (SAT), entre enero y abril de 2026 los ingresos tributarios del sector público sumaron 2 billones 70 mil 803 millones de pesos. En términos reales, esto implicó una caída de 1.6% frente al mismo periodo de 2025. No es un matiz menor: el dato real (ajustado por inflación) es el que mejor captura si el “poder de compra” de la recaudación está creciendo o retrocediendo.
Lectura Integral de la Recaudación“Caída real”: compara contra el mismo periodo del año anterior, pero descontando inflación. Si el dato real baja, la recaudación pierde poder de compra aunque en pesos corrientes pudiera verse estable.Dos comparaciones que conviene separar:
1) Vs. 2025 (anual): responde “¿recaudamos más o menos que el año pasado, en términos reales?”.
2) Vs. LIF 2026 (programado): responde “¿vamos arriba o abajo del plan oficial?”.Cómo leerlo en conjunto: cuando hay caída real y brecha vs LIF, normalmente no es solo un tema de calendario; sugiere que actividad/base gravable y/o supuestos del presupuesto no están alineados.
Además, el resultado no solo fue inferior al año previo: también quedó por debajo del plan. La Ley de Ingresos de la Federación (LIF) 2026 proyectaba para los primeros cuatro meses del año 2 billones 110 mil 960.8 millones de pesos. El faltante fue de 40 mil 157.8 millones.
En la práctica, este tipo de desviaciones abre dos lecturas simultáneas. La primera es macro: el desempeño de la economía y de las bases gravables no está alineado con lo que Hacienda programó. La segunda es operativa: cuando el faltante se concentra en un impuesto tan central como el ISR, el ajuste no suele venir de un solo lado; puede traducirse en mayor énfasis en cumplimiento, revisiones y una administración más estricta del flujo de devoluciones y compensaciones.
Para direcciones financieras, tesorerías y equipos contables, el mensaje es claro: 2026 arrancó con una recaudación tributaria por debajo de lo previsto, y eso cambia el “clima” fiscal del año.
Análisis de la recaudación del Impuesto Sobre la Renta (ISR)
El ISR es el termómetro más sensible de la actividad formal: empleo, nómina y utilidades empresariales. Por eso, cuando el SAT reporta un desempeño inferior al programado, conviene leerlo no solo como un dato fiscal, sino como una señal sobre la base gravable que está generando la economía.
Entre enero y abril de 2026, el SAT reportó una recaudación de ISR por 1 billón 148 mil 841 millones de pesos. El dato es relevante por dos razones: (1) su peso dentro del total tributario y (2) el tamaño del desvío frente a lo que se presupuestó.
En el análisis público, el subejercicio del ISR suele explicarse con dos familias de factores: los económicos (menor dinamismo en sectores que concentran empleo formal y utilidades) y los estadísticos (efectos de base de comparación cuando un mes del año previo fue “extraordinario”). En este caso, ambas aparecen en la discusión, pero con un punto importante: atribuirlo solo a la base de comparación puede ser una lectura incompleta si la economía efectivamente se está desacelerando.
Para empresas medianas —en especial exportadoras e importadoras— el ISR no es un tema abstracto: se refleja en pagos provisionales, en la planeación de flujo de caja y en el nivel de escrutinio que puede venir cuando la autoridad busca cerrar brechas de recaudación.
Resultados de la recaudación de ISR
El dato duro del primer cuatrimestre es que el ISR recaudado fue 1,148,841 mdp. En paralelo, en el análisis citado por El Financiero, Víctor Gómez Ayala (Finamex) vinculó la señal del ISR con el desempeño de sectores clave: manufacturas y construcción.
Señales del ISR y desaceleración
Víctor Gómez Ayala, director de análisis económico de Finamex (reporte citado en la cobertura de El Financiero), lo planteó así:“Son sectores de alta densidad de empleo formal y utilidades empresariales gravables. La señal del ISR sí tiene un vínculo claro con la desaceleración económica”, advirtió.“Con un primer trimestre con caída trimestral de 0.6 por ciento y manufacturas y construcción deprimidas, la base gravable del ISR está operando por debajo de lo que programó Hacienda en la Ley de Ingresos de la Federación 2026”, enfatizó.
El argumento es directo y, desde nuestra perspectiva, útil para aterrizarlo a decisiones empresariales: manufacturas y construcción son sectores con alta densidad de empleo formal y con utilidades empresariales gravables. Si ambos se debilitan, la base del ISR tiende a resentirse. En su lectura, al cierre de marzo las manufacturas acumulaban cuatro trimestres negativos o de estancamiento, mientras la construcción registraba tres trimestres consecutivos de retroceso.
También se mencionó un elemento puntual: en marzo de 2026 se observó una caída anual de 16% en la recaudación del ISR, con un componente asociado a la base de comparación, porque marzo de 2025 habría tenido niveles “extraordinariamente altos”. Pero el propio análisis advierte que sería incorrecto explicar el deterioro únicamente por ese efecto estadístico.
La conclusión operativa para CFOs y controllers es que el ISR está reflejando un entorno donde la generación de utilidades y/o el dinamismo del empleo formal no están corriendo al ritmo que se presupuestó. Y cuando eso pasa, el año fiscal suele volverse más sensible a revisiones, conciliaciones y a la calidad de la evidencia documental que soporta deducciones y acreditamientos.
Comparación con la Ley de Ingresos de la Federación 2026
La comparación contra la LIF 2026 es donde el subdesempeño se vuelve cuantificable en términos de “brecha”. Para enero-abril, la LIF contemplaba ingresos por ISR de 1 billón 204 mil 309.2 mdp. El SAT reportó 1 billón 148 mil 841 mdp. La diferencia: 55 mil 468.2 mdp por debajo de lo previsto.
Ese faltante es mayor que el desvío total de ingresos tributarios (40,157.8 mdp) porque otros impuestos compensaron parcialmente, como veremos con IVA e IEPS. Aun así, el ISR es el componente que “jala hacia abajo” el resultado agregado.
En términos de planeación pública, una brecha de este tamaño en el impuesto más relevante suele elevar la presión para que el resto del año recupere terreno. En términos empresariales, el canal de transmisión más común no es inmediato en tasas (no hay aquí un anuncio de cambios de tasa), sino en administración: más foco en cumplimiento, más cuidado en la calendarización de pagos y, para algunos sectores, mayor fricción en procesos que dependen de la autoridad (por ejemplo, trámites y revisiones).
Para quienes operan comercio exterior, además, el contexto importa porque la salud fiscal del año puede influir en la intensidad con la que se revisan operaciones, se piden aclaraciones o se endurecen criterios en auditorías. No es una predicción; es una lectura de incentivos: cuando el ISR no alcanza, el sistema busca cerrar brechas.
Incremento en la recaudación del Impuesto al Valor Agregado (IVA)
A diferencia del ISR, el IVA mostró un desempeño más favorable en el primer cuatrimestre de 2026. El SAT reportó una recaudación por IVA de 562 mil 319 millones de pesos, lo que significó un incremento nominal de 25 mil 111 millones respecto al mismo periodo de 2025.
Más importante para el “marcador” fiscal: el IVA no solo creció frente al año previo, sino que superó lo programado. La LIF 2026 estimaba ingresos por IVA de 532 mil 234.9 millones de pesos para enero-abril. El resultado observado fue 30 mil 84.1 millones por encima del cálculo oficial.
| IVA (ene–abr 2026) | Monto (mdp) |
|---|---|
| SAT observado | 562,319.0 |
| LIF 2026 programado | 532,234.9 |
| Diferencia vs LIF (SAT - LIF) | +30,084.1 |
| Incremento nominal vs ene–abr 2025 | +25,111.0 |
Para empresas, el IVA tiene una doble cara. Por un lado, es un impuesto al consumo que suele moverse con la actividad económica y la facturación gravada. Por otro, en sectores exportadores es común que existan saldos a favor por la mecánica de tasa 0% en exportaciones y el acreditamiento del IVA pagado en insumos. En ese sentido, un buen desempeño agregado del IVA no necesariamente significa que todas las empresas estén “mejor”; puede coexistir con presiones micro en devoluciones, acreditamientos y conciliaciones.
Lo que sí sugiere el dato es que, en el agregado, el IVA aportó un colchón que ayudó a compensar parte del faltante del ISR. En el tablero de Hacienda, eso reduce el golpe, pero no elimina el problema: el ISR sigue siendo el impuesto que más explica la desviación frente a lo programado.
Desde nuestra óptica —mirando operaciones reales de importación y exportación— el punto práctico es que 2026 está mostrando un comportamiento divergente: ISR por debajo del plan, IVA por encima. Esa divergencia suele obligar a las empresas a ser más finas en su control fiscal: separar con claridad qué parte del desempeño viene de ventas/consumo (IVA) y cuál viene de rentabilidad y empleo formal (ISR).
En otras palabras: el IVA está “aguantando” mejor, pero eso no borra la señal de desaceleración que se filtra por el ISR, especialmente si manufacturas y construcción siguen débiles.
Recaudación del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS)
El IEPS también aportó una sorpresa positiva en el primer cuatrimestre. El SAT reportó ingresos por IEPS de 251 mil 592 millones de pesos, es decir, 37 mil 320 millones más que en el mismo lapso de 2025.
Al igual que el IVA, el IEPS no solo creció frente al año previo: también superó lo previsto en la Ley de Ingresos. La LIF 2026 calculaba 244 mil 70.6 millones de pesos para enero-abril. La recaudación observada fue 7 mil 521.4 millones por encima.
Interpretación del IEPS trimestral
Cómo leer el IEPS dentro del “mix” del cuatrimestre:Amortiguador parcial: al ir por encima de lo programado, el IEPS ayuda a que la brecha total vs LIF no sea tan grande como la del ISR.Lectura macro vs lectura sectorial: el IEPS puede subir aunque algunos sectores estén débiles, porque depende de bienes específicos gravados; por eso es útil para entender el agregado, pero no siempre describe lo que vive cada industria.Implicación práctica: cuando el faltante se concentra en ISR y otros impuestos sostienen el total, el foco de la autoridad suele ir a donde está la brecha: rentabilidad, deducciones y cumplimiento del impuesto directo.
Para entender por qué esto importa, conviene verlo como parte del “mix” tributario. Cuando el ISR se queda corto, el desempeño de otros impuestos determina si el faltante total se amplía o se amortigua. En este caso, IEPS e IVA ayudaron a compensar, aunque no alcanzaron para revertir la caída real de 1.6% en el total tributario.
En términos empresariales, el IEPS suele tener impactos más sectoriales (dependiendo de los bienes gravados), pero su lectura macro es útil: muestra que no todo el sistema tributario se debilitó al mismo tiempo. Eso refuerza la idea de que el problema principal del cuatrimestre no fue una “caída generalizada” de recaudación, sino un desajuste concentrado en ISR, consistente con una base gravable presionada por sectores intensivos en empleo formal y utilidades.
Para empresas medianas, especialmente las que venden a cadenas industriales o participan en construcción/manufactura, el mensaje es indirecto pero relevante: si la recaudación se sostiene por IVA e IEPS mientras ISR flojea, la autoridad puede poner más atención en la parte de rentabilidad, deducciones y cumplimiento del impuesto directo (ISR). Es decir, el foco puede moverse hacia donde está la brecha.
En el balance del primer cuatrimestre, IEPS fue un componente que jugó a favor del erario. Pero el dato no cambia el hecho central: el impuesto que más pesa en la conversación fiscal de 2026, por su faltante frente al plan, sigue siendo el ISR.
Factores que afectan la recaudación tributaria
Cuando leemos la recaudación como señal para empresas, nos interesa menos el titular y más el mecanismo: ¿qué está moviendo la base gravable y qué está limitando la capacidad de compensar el faltante?
En el caso del primer cuatrimestre de 2026, el análisis citado en la cobertura apunta a un factor dominante: la desaceleración económica, con énfasis en sectores específicos. La lógica es consistente con cómo se forma el ISR: si se enfrían utilidades y empleo formal, el impuesto directo lo refleja.
A la vez, en el debate público sobre recaudación suele aparecer otro elemento: la capacidad de la autoridad para “cerrar brechas” vía fiscalización (auditorías, revisiones, vigilancia). En 2026, el gobierno ha apostado históricamente por medidas administrativas y de cumplimiento para sostener ingresos, pero el dato del cuatrimestre muestra que, al menos en ISR, eso no alcanzó para cumplir lo programado.
Para CFOs y responsables fiscales, esto se traduce en una recomendación práctica: separar lo que es ciclo económico (menos actividad) de lo que es administración tributaria (más o menos presión de fiscalización). Ambos pueden coexistir, y ambos afectan el flujo de caja.
Causa, Mecanismo e Impacto Fiscal
Mapa rápido causa → mecanismo → impacto (con “checkpoints” útiles en empresa):
1) Actividad económica (sectores clave) → baja producción/ventas/utilidades → menor base gravable de ISR.Checkpoint: ¿tu ISR se está moviendo por margen (utilidad) o por volumen (ventas/producción)?
2) Empleo formal y nómina → cambios en plantilla/salarios → variación en retenciones y pagos relacionados.Checkpoint: conciliación mensual entre nómina timbrada (CFDI) y enteros/retenciones.
3) Devoluciones/compensaciones (sobre todo IVA en exportadores) → salidas de caja del fisco / tiempos de trámite → puede cambiar el “neto” observado.Checkpoint: control de expedientes y tiempos: ¿tus saldos a favor están documentados y conciliados antes de solicitar?
4) Fiscalización y cumplimiento → más revisiones/requerimientos → costos administrativos y potencial fricción en flujos.Checkpoint: expediente listo (contratos, materialidad, trazabilidad de pagos) y conciliación contabilidad–CFDI–declaraciones.
Desaceleración económica
El vínculo entre ISR y desaceleración aparece de forma explícita en el análisis de Víctor Gómez Ayala (Finamex). Su punto central es que el escenario de ingresos para Hacienda enfrenta complicaciones por el deterioro en sectores clave.
Los datos sectoriales mencionados son concretos: manufacturas con cuatro trimestres negativos o de estancamiento al cierre de marzo, y construcción con tres trimestres consecutivos de retroceso. En ambos casos, hablamos de sectores que suelen concentrar empleo formal y actividad empresarial gravable.
Además, se subraya que la señal del ISR “tiene un vínculo claro con la desaceleración económica”. Esto es relevante porque evita una lectura cómoda de “solo fue un efecto estadístico”. Sí, se reconoce un componente de base de comparación en marzo (por el nivel extraordinario de marzo de 2025), pero se insiste en que no explica todo.
Para empresas medianas, especialmente industriales, esta lectura tiene implicaciones inmediatas: si el entorno se desacelera, es común ver presión en márgenes, ajustes en inventarios, cambios en ciclos de cobro y, por tanto, una planeación fiscal más delicada. El ISR, al depender de utilidades y nómina, se vuelve un espejo de ese ajuste.
En comercio exterior, además, manufacturas es un canal directo: si la actividad manufacturera se estanca, se resienten órdenes, producción y, eventualmente, la rentabilidad gravable. Eso ayuda a entender por qué el ISR puede quedarse corto incluso si otros impuestos se sostienen.
Efectividad de las auditorías fiscales
Aunque el reporte del SAT citado se centra en montos recaudados y su comparación con la LIF, el contexto de 2026 incluye una idea recurrente: cuando la recaudación programada es ambiciosa, la autoridad suele apoyarse en herramientas administrativas para mejorar cumplimiento.
En la práctica, la “efectividad” de auditorías y revisiones no se mide solo por cuántas se hacen, sino por cuánto logran recaudar y qué tan rápido se convierten en ingresos efectivos. En un año donde el ISR queda por debajo de lo previsto, el incentivo institucional para intensificar fiscalización aumenta, especialmente en contribuyentes con operaciones complejas o con deducciones relevantes.
Para empresas, esto no significa asumir un problema, sino anticipar fricción: más requerimientos de información, más necesidad de conciliación entre CFDI, contabilidad y declaraciones, y más importancia de tener expedientes sólidos (contratos, evidencia de materialidad, trazabilidad de pagos).
Desde nuestra experiencia observando operaciones reales, el costo de una auditoría no es solo el posible crédito fiscal: también es el tiempo del equipo, la interrupción operativa y la incertidumbre sobre flujos (por ejemplo, si se detienen decisiones hasta “cerrar” una revisión). Por eso, aun sin cifras adicionales en el reporte del cuatrimestre, el hecho de que el ISR no alcance el plan es una señal para elevar disciplina interna: cierres mensuales más limpios, conciliaciones más frecuentes y documentación lista.
Proyecciones y desafíos para el resto de 2026
Con un primer cuatrimestre por debajo de lo programado, el resto de 2026 se vuelve un ejercicio de compensación: o la actividad económica mejora y empuja la base gravable, o la administración tributaria incrementa su capacidad de captación, o el gasto público se ajusta para acomodar el faltante. En la realidad, suele ser una combinación.
El punto de partida es claro: el total tributario enero-abril quedó 40,157.8 mdp por debajo de la LIF 2026, y el ISR por sí solo estuvo 55,468.2 mdp abajo. IVA e IEPS ayudaron a amortiguar, al ubicarse por encima de lo previsto, pero no alcanzaron para evitar la caída real anual de 1.6% en el agregado.
El desafío principal es que el ISR no es fácil de “recuperar” rápidamente si la economía no acompaña. Si manufacturas y construcción —sectores mencionados como deprimidos— no repuntan, la base de utilidades y empleo formal puede seguir operando por debajo de lo programado. Y si el problema es de base gravable, la recaudación no se corrige solo con exhortos: requiere actividad.
Para empresas, el escenario más relevante no es adivinar el cierre del año, sino prepararse para un entorno donde Hacienda y el SAT podrían buscar cerrar
Opciones para cerrar la brecha
Tres rutas típicas para “cerrar la brecha” en el resto del año (y lo que suelen implicar):Mejor crecimiento/repunte sectorial (manufactura y construcción)Beneficio: sube la base gravable (utilidades/empleo formal) y el ISR se normaliza con menos fricción administrativa.Costo/riesgo: depende de condiciones económicas; no se activa “por decreto” y puede tardar en reflejarse en pagos.Más fiscalización y medidas administrativas de cumplimientoBeneficio: puede elevar captación en el margen (correcciones, revisiones, vigilancia) aun con crecimiento moderado.Costo/riesgo: aumenta carga operativa para empresas (requerimientos, conciliaciones, tiempos) y puede tensionar flujos si hay revisiones.Ajuste de gasto/reasignaciones presupuestalesBeneficio: reduce presión inmediata por recaudar “a cualquier costo”.Costo/riesgo: puede afectar ritmo de pagos gubernamentales, inversión pública o programas, con efectos indirectos en proveedores.
Lectura práctica: si el faltante sigue concentrado en ISR, es común que el énfasis se mueva hacia rentabilidad, deducciones y evidencia documental.
En Mundi solemos leer estos datos con una pregunta operativa: qué cambia en el flujo de caja y en la carga administrativa de una empresa mexicana que importa o exporta cuando el ISR queda por debajo de lo programado; esa es la lente con la que aterrizamos este tipo de reportes.
Este texto refleja información pública disponible para enero–abril de 2026 y su comparación con lo previsto en la LIF 2026. La recaudación puede variar conforme avance el año por estacionalidad, cambios en la actividad económica y ajustes administrativos. Las cifras y conclusiones podrían actualizarse si se publican nuevos datos o revisiones.