La banca mexicana busca aumentar el crédito en 2026
- La ABM sostiene que la banca mexicana está sólida y con capacidad para prestar más.
- El crédito crece entre 8% y 11%, por encima del crecimiento de la economía, según la ABM.
- México mantiene baja penetración de crédito frente a socios principales, lo que abre espacio para profundizar financiamiento.
- Persiste un alto uso de efectivo (alrededor de 80% en transacciones >500 pesos), aunque avanzan cuentas digitales.
- La ABM advierte que sin educación financiera puede crecer el “estrés financiero”, con efectos en salud y productividad.
Indicadores clave del sistema financieroCrecimiento del crédito reportado por ABM: 8%–11% (mención pública de Emilio Romano en el Quinto Congreso de Educación Financiera de la ABM).Uso de efectivo reportado por ABM: ~80% de las transacciones mayores a 500 pesos se realizan con dinero físico.Calidad de cartera (sistema bancario): cartera vencida/NPL 2.4% al 1T 2026.Dinámica reciente (real): crédito al sector privado no financiero +3.8% a/a y depósitos +3.4% a/a (corte 1T 2026).Escenario macro de referencia (CGPE 2026): crecimiento 1.8%–2.8%, inflación 3.0%, tasa nominal 6.0%, tipo de cambio 18.9 pesos/USD.Mercado internacional (enero 2026): colocación soberana por USD 9,000 millones en 3 tramos, con demanda por USD 30,000 millones de 279 inversionistas.
Fuentes: ABM (declaraciones públicas en congreso de educación financiera, 2026); CGPE 2026 (SHCP); BBVA Research (Situación Banca 1S 2026); reporte de colocación soberana difundido por medios financieros (enero 2026).
Metodología para el análisis del financiamiento en México
Cuando leemos “más crédito” en México, nosotros lo traducimos a una pregunta operativa: ¿qué cambia —o podría cambiar— en el costo, la disponibilidad y las condiciones del financiamiento para empresas medianas, especialmente las que importan y exportan? Para responder sin caer en pronósticos, usamos un marco de tres capas: (1) señales del sistema bancario, (2) condiciones macro y fiscales, y (3) comportamiento financiero de hogares y pequeñas empresas, porque ahí se forma (o se rompe) la calidad de cartera.
Lectura Integral del Crédito
Capa 1 — Sistema bancario (oferta y “salud” del crédito)Qué miramos: crecimiento del crédito, depósitos, cartera vencida/NPL, apetito por originación.Qué nos dice: si hay capacidad real de prestar y bajo qué estándares.
Capa 2 — Macro y fiscal (precio del dinero y liquidez)Qué miramos: escenario CGPE (crecimiento, inflación, tasa), déficit y deuda pública.Qué nos dice: el “piso” de tasas en pesos, sensibilidad a shocks y competencia por fondeo.
Capa 3 — Conducta financiera (demanda y calidad futura)Qué miramos: uso de efectivo vs digital, educación financiera, señales de estrés financiero.Qué nos dice: qué tan medible es el riesgo y qué tan sostenible es el crecimiento del crédito.
Regla práctica de lecturaSi una capa mejora pero otra se deteriora, el crédito puede crecer… pero con fricción (precio más alto, más requisitos o más morosidad).
En la primera capa tomamos como punto de partida lo que comunica el gremio bancario. La Asociación de Bancos de México (ABM) afirma que el sector atraviesa un momento de “solidez y fortaleza” y que tiene capacidad y disposición para aumentar el crédito. También reporta que el crecimiento del crédito se ubica entre 8% y 11%, “muy por encima” del crecimiento de la economía. Esa brecha importa: si el crédito crece más rápido que el PIB, el sistema está profundizando intermediación; si no, se está quedando corto.
La segunda capa es el contexto macro-fiscal que condiciona tasas, apetito de riesgo y liquidez. Para 2026, los Criterios Generales de Política Económica (CGPE) proyectan crecimiento de 1.8% a 2.8%, inflación promedio de 3.0%, tasa nominal de 6.0% y tipo de cambio de 18.9 pesos por dólar, con precio del petróleo supuesto de 54.9 dólares por barril. En paralelo, el déficit fiscal estimado ronda 4.4% del PIB y la deuda neta del sector público se proyecta en 52.8% del PIB. En términos prácticos: el gobierno seguirá siendo un demandante relevante de financiamiento y eso influye en el “precio” del dinero en pesos.
La tercera capa es la fricción cotidiana: uso de efectivo, digitalización y educación financiera. La ABM señala que alrededor de 80% de las transacciones superiores a 500 pesos se hacen con efectivo, aunque el patrón está cambiando con la apertura de cuentas digitales. Esta transición no es cosmética: afecta trazabilidad, evaluación de riesgo y, por tanto, acceso al crédito. Además, la ABM y actores como Inegi y Condusef han levantado una encuesta de estrés financiero para entender consecuencias sociales y económicas; ese insumo es clave para diseñar intervenciones que realmente cambien conductas, no solo conocimiento.
Con este método, el objetivo no es “adivinar” 2026, sino identificar mecanismos: qué variables empujan el crédito, cuáles lo frenan y qué decisiones concretas puede revisar un CFO mañana (plazos, tasa fija vs variable, disciplina de cobranza, digitalización de pagos, y salud financiera del cliente).
Capacidad de la banca mexicana para aumentar el crédito
La tesis central de la ABM es directa: la banca puede y quiere prestar más. Emilio Romano, presidente de la Asociación, lo planteó en el Quinto Congreso de Educación Financiera de la ABM: el sector está sólido y el crédito crece entre 8% y 11%, por encima del crecimiento económico. Para una empresa, esa señal sugiere que —al menos desde la oferta— hay apetito por colocar financiamiento, siempre que el riesgo sea entendible y el cliente sea “financieramente sano”.
Esa idea de solidez también aparece en indicadores de calidad de activos citados en análisis del sistema: la razón de cartera vencida (non-performing loans) se ubicó en 2.4% al cierre del primer trimestre de 2026, por debajo de niveles prepandemia. En el mismo corte, el crédito al sector privado no financiero creció 3.8% anual en términos reales y los depósitos bancarios 3.4%. No son cifras para celebrar por sí mismas, pero sí dibujan un sistema que no está, en principio, en modo defensivo.
| Indicador (México) | Dato citado en el artículo | Corte/nota de lectura | Fuente de referencia (pública) |
|---|---|---|---|
| Crecimiento del crédito (nominal, ABM) | 8%–11% | Declaración gremial; útil como señal de intención/oferta | ABM (intervención pública en congreso, 2026) |
| Cartera vencida / NPL | 2.4% | Señal de calidad de activos (menor es mejor) | BBVA Research, Situación Banca 1S 2026 |
| Crédito al sector privado no financiero (real) | +3.8% a/a | Dinámica real; ayuda a separar inflación vs crecimiento efectivo | BBVA Research, Situación Banca 1S 2026 |
| Depósitos bancarios (real) | +3.4% a/a | Termómetro de fondeo y liquidez del sistema | BBVA Research, Situación Banca 1S 2026 |
Ahora, “capacidad” no significa “crédito para todos”. En la práctica, la banca presta más cuando puede medir mejor el riesgo y cuando el entorno reduce sorpresas. Aquí entra la digitalización: si más transacciones migran de efectivo a cuentas y pagos digitales, se amplía el rastro de información (ingresos, estacionalidad, puntualidad de pagos) que permite originar crédito con menos incertidumbre. Romano subrayó que el uso de efectivo sigue siendo alto —80% en transacciones mayores a 500 pesos—, pero que está cambiando con cuentas digitales abiertas desde el celular. Para empresas medianas, esto se traduce en un incentivo: formalizar flujos y digitalizar cobros/pagos no solo ordena tesorería; también puede mejorar elegibilidad y condiciones.
La ABM también vincula el aumento de crédito con educación financiera integrada “de manera más natural” a la vida cotidiana, apoyada por digitalización e inteligencia artificial. El punto de fondo es relevante: si el cliente entiende el producto, usa el crédito para fines productivos y cumple, la banca gana. Romano lo dijo sin rodeos: a la banca le conviene tener clientes financieramente sanos, capaces de utilizar productos y cumplir obligaciones.
Desde nuestra óptica, para el CFO exportador/importador esto aterriza en dos frentes. Primero, preparar a la empresa para ser “medible”: estados financieros consistentes, trazabilidad de ventas y cobranza, y disciplina de capital de trabajo. Segundo, entender que el ciclo de crédito puede abrirse, pero no necesariamente en los segmentos con mayor opacidad. Si la banca quiere crecer, buscará donde el riesgo sea gestionable; ahí la información (y la conducta) es el activo.
Crecimiento del crédito y su relación con la economía
Que el crédito crezca entre 8% y 11% mientras la economía avanza a un ritmo menor —como destacó la ABM— es una señal de profundización financiera: más financiamiento por unidad de actividad económica. En términos de empresa, esto suele reflejar dos cosas: (1) mayor disposición de intermediarios a prestar y (2) demanda de crédito para sostener inversión, consumo o capital de trabajo. Pero la relación no es automática ni siempre sana; depende de la calidad del crédito y de la capacidad de pago.
Crédito sobre PIB: señales clave
Cuándo “crédito > PIB” suele ser una buena señalAumenta la formalización y la trazabilidad (más pagos digitales, mejores estados financieros).La morosidad se mantiene contenida (NPL estable o a la baja) y los estándares no se relajan.El crédito se usa para ciclos productivos claros (inventario con rotación, cuentas por cobrar con buen pagador, inversión con demanda identificable).
Cuándo puede ser una señal de alertaEl crecimiento viene de segmentos con poca verificación o con “crédito para tapar flujo” recurrente.Se alargan plazos sin respaldo en el ciclo operativo (descalce entre cobro y pago).Suben señales tempranas: atrasos, reestructuras frecuentes, uso de líneas para gasto corriente.
Qué puede vigilar una empresa mediana (en 30 días)DSO (días de cobranza), rotación de inventario, concentración de clientes, y proporción de ventas/cobros digitalizados.
En 2026, el marco macro que se discute es de crecimiento moderado. Los CGPE proyectan un rango de 1.8% a 2.8% de crecimiento, inflación promedio de 3.0% y una tasa nominal de 6.0%. Para tesorerías corporativas, ese combo importa porque define el “piso” de tasas en pesos y el costo de cargar inventario o financiar cuentas por cobrar. También importa el tipo de cambio (18.9 pesos por dólar), no como predicción operativa, sino como referencia de escenario para stress tests: ¿qué pasa con márgenes y capital de trabajo si el peso se mueve alrededor de ese nivel?
En paralelo, el sector público seguirá pesando en el mercado de dinero. El déficit fiscal estimado en 4.4% del PIB y una deuda neta del sector público proyectada en 52.8% del PIB implican necesidades de financiamiento relevantes. México ha mostrado acceso a mercados internacionales: en enero de 2026 colocó 9,000 millones de dólares en bonos soberanos en tres tramos (8, 12 y 30 años), con demanda de 30,000 millones de dólares de 279 inversionistas. Esa operación, además de financiar al soberano, fija referencias (benchmarks) que influyen en el costo de capital para emisores y, por transmisión, en el sistema financiero.
Para empresas medianas, la relación crédito-economía se siente en el día a día de capital de trabajo. Si el crédito crece más rápido que el PIB, puede haber más competencia por colocar financiamiento, pero también más escrutinio sobre el uso del crédito: la banca quiere crecimiento, sí, pero con clientes que paguen. Aquí vuelve la educación financiera como “infraestructura blanda”: si el crédito se usa para tapar huecos recurrentes de flujo sin corregir la causa (cobranza lenta, inventario sobredimensionado, descalce de moneda), el crecimiento del crédito puede convertirse en estrés financiero.
Nosotros leemos este punto así: el crédito puede expandirse en 2026, pero la pregunta para cada empresa es si su modelo de cobro y pago está alineado con ese crédito. En comercio exterior, donde los plazos internacionales pueden ser de 60, 90 o 120 días, el reto no es solo conseguir línea, sino calibrar plazo, moneda y estructura para que el financiamiento acompañe el ciclo operativo sin deteriorar márgenes.
Baja penetración del crédito en México
La ABM insiste en un diagnóstico que no es nuevo, pero sigue siendo determinante: México tiene una penetración del crédito baja en comparación con sus principales socios. Romano lo resumió en una frase: eso significa que “la banca necesita y quiere prestar más y tiene con qué prestar más”. En otras palabras, el espacio para crecer no es marginal; es estructural.
Baja penetración del crédito explicada
Qué significa “baja penetración del crédito” (en términos simples)Es una forma de decir que, respecto al tamaño de la economía, el financiamiento formal (bancario y/o del sistema financiero) llega a menos empresas y hogares de lo que llega en economías comparables.
Por qué importa para una empresa medianaMenos penetración suele implicar más dependencia de proveedores, anticipos y mecanismos informales.También suele implicar que el historial y la trazabilidad pesan más: quien documenta mejor su flujo “salta la fila”.
Cómo se conecta con efectivo y digitalizaciónSi una parte grande de las transacciones ocurre en efectivo, hay menos información verificable para evaluar riesgo.Cuando cobros y pagos migran a canales digitales, baja el costo de originar crédito y mejora la evaluación (ingresos, estacionalidad, puntualidad).
Nota de contexto: estas lecturas se basan en información pública y declaraciones de 2026; los niveles y comparaciones pueden cambiar conforme se actualicen estadísticas.
¿Por qué importa la penetración? Porque en economías donde el crédito está más extendido, las empresas suelen tener más herramientas para suavizar ciclos, invertir y gestionar capital de trabajo. En México, la baja penetración convive con un rasgo que la ABM puso sobre la mesa: el uso intensivo de efectivo. Ese dato no solo describe hábitos; describe fricción. El efectivo reduce trazabilidad, complica la evaluación de ingresos reales y hace más costoso originar crédito, especialmente en segmentos pequeños y medianos.
La buena noticia —si se ejecuta bien— es que el patrón está cambiando con la apertura de cuentas digitales desde el celular. La digitalización puede ser el puente entre baja penetración y expansión del crédito, porque reduce costos de adquisición, mejora la información disponible y permite integrar educación financiera en el flujo cotidiano, como plantea la ABM con apoyo de inteligencia artificial.
Pero hay un matiz clave: más cuentas no equivalen automáticamente a más crédito productivo. Para que la penetración suba de forma sostenible, el crédito debe usarse de manera que genere beneficios concretos para familias y empresas: facilitar decisiones de consumo e inversión e impulsar proyectos productivos, como señaló Romano. Para una empresa mediana, “productivo” suele significar: financiar inventario con rotación clara, adelantar cuentas por cobrar con clientes solventes, o invertir en capacidad cuando hay demanda identificable.
Desde nuestra perspectiva, la baja penetración también explica por qué muchas empresas terminan financiándose con mecanismos informales o con proveedores, y por qué el costo de capital puede ser alto cuando no hay historial bancario robusto. Si el sistema bancario realmente busca crecer, el reto será convertir esa “oportunidad” en productos y procesos que entiendan la realidad operativa: estacionalidad, ciclos de exportación/importación, y riesgos de tipo de cambio.
En 2026, el mensaje práctico es: hay espacio para que el crédito crezca, pero el acceso dependerá de qué tan visible y ordenado sea el flujo. Migrar de efectivo a pagos digitales, formalizar cobranza y documentar operaciones no es burocracia: es construir el expediente que hace posible el financiamiento.
Riesgos del estrés financiero en la población
La expansión del crédito tiene un límite: la salud financiera del usuario. Y aquí la ABM lanzó una advertencia que vale la pena tomar en serio. Alberto Gómez Alcalá, presidente de la Comisión de Empoderamiento del Cliente de la ABM, señaló que si no se atiende adecuadamente la educación financiera, México enfrentará un problema de estrés financiero que “trasciende a la industria financiera” e incluso puede convertirse en un tema de salud pública.
Señales y acciones ante estrés financiero
Señales comunes de estrés financiero (hogares o micro-negocios)Pagos mínimos recurrentes en tarjetas o “patear” deudas mes a mes.Uso de un crédito para pagar otro (carrusel) o adelantos de nómina frecuentes.Atrasos en servicios básicos o renta, aunque el ingreso “alcance” en papel.Falta total de colchón: un imprevisto pequeño obliga a endeudarse.Evitar revisar estados de cuenta o no saber cuánto se paga en comisiones/intereses.
Acciones prácticas que suelen ayudar (sin complicarse)Poner en una hoja (o app) 3 números: ingreso neto, pagos fijos, y deuda total.Priorizar deudas por costo total (CAT/tasa efectiva) y por riesgo de mora.Automatizar un ahorro pequeño y separar “gasto fijo” del “gasto variable”.Si hay negocio: registrar ventas/cobros diarios y separar dinero del negocio vs personal.Pedir claridad antes de contratar: costo total, penalizaciones, y qué pasa si se paga tarde.
Para empresas medianas (impacto indirecto)Vigilar atrasos en cartera de clientes, rotación de personal y solicitudes de adelantos: suelen ser señales tempranas de presión financiera.
El estrés financiero no es solo “deuda”. Es la combinación de decisiones, productos y conductas que llevan a una carga difícil de sostener: pagos que se comen el ingreso disponible, uso de crédito para gasto corriente sin plan, o falta de colchón ante shocks. Gómez Alcalá mencionó que la encuesta de estrés financiero realizada junto con el Inegi y la Condusef ha generado información relevante sobre las consecuencias de este problema en la sociedad. Y subrayó un punto que, para nosotros, es central: hay que aterrizarlo en habilidades y conductas.
Para empresas medianas, esto no es un tema “de consumidores” ajeno. El estrés financiero se filtra por varios canales: empleados con presión económica (impacto en productividad), clientes con menor capacidad de pago (riesgo de cobranza) y proveedores que endurecen condiciones (tensión en la cadena). Además, si el estrés financiero se generaliza, la banca tiende a ajustar originación y apetito de riesgo, lo que puede encarecer o restringir líneas incluso para empresas sanas.
La ABM también apunta a herramientas de psicología, neurociencia y economía conductual para entender cómo toman decisiones las personas, porque la racionalidad no siempre manda al elegir productos financieros. En términos prácticos, esto sugiere que las estrategias de educación financiera más efectivas no serán las que “explican” más, sino las que cambian hábitos: presupuestar, comparar costos totales, evitar sobreendeudamiento, y usar el crédito con propósito.
En el contexto 2026, donde se busca aumentar el crédito y al mismo tiempo digitalizar transacciones, el riesgo es doble: (1) que más personas entren al sistema sin acompañamiento y (2) que la facilidad digital acelere decisiones impulsivas. La oportunidad, si se hace bien, es que la misma digitalización permita insertar recordatorios, simuladores y alertas que reduzcan errores.
Impacto en la salud y productividad
Gómez Alcalá fue explícito: el estrés financiero puede repercutir en la salud, la productividad laboral y el crecimiento económico. En una empresa mediana, ese impacto se ve en ausentismo, rotación, errores operativos y menor capacidad de concentración. No hace falta que el problema sea extremo para que cueste: basta con que una parte del equipo viva al límite de su flujo para que cualquier imprevisto se convierta en crisis personal.
También hay un efecto indirecto sobre el desempeño comercial. Si el estrés financiero se extiende, los hogares ajustan consumo y priorizan liquidez; eso puede afectar demanda en ciertos sectores y, por tanto, la planeación de inventarios y producción. En cadenas ligadas a exportación/importación, el golpe puede sentirse en la volatilidad de pedidos y en la presión por plazos más largos.
La encuesta de estrés financiero levantada con Inegi y Condusef —según la ABM— aporta información sobre consecuencias. Aunque aquí no tenemos los resultados numéricos, el solo hecho de medirlo indica que el fenómeno es relevante para política pública y para el diseño de productos. Para el CFO, la lectura es: el riesgo de crédito no es solo “del cliente”; es sistémico cuando la salud financiera se deteriora.
En ese sentido, la coordinación que pide la ABM entre autoridades y sector privado no es retórica. Si el estrés financiero se vuelve un problema de salud pública, los costos se socializan: menor productividad agregada, mayor presión sobre servicios de salud y, potencialmente, más morosidad. Todo eso termina reflejándose en condiciones de financiamiento.
Educación financiera como solución
La ABM plantea la educación financiera como una pieza de infraestructura para que el crédito crezca sin romperse. Pero con una condición: no basta con enseñar conceptos; hay que convertirlos en habilidades y conductas. Gómez Alcalá lo dijo: “el conocimiento por sí mismo no es suficiente”. Esto cambia el enfoque: menos “clases” y más herramientas prácticas que acompañen decisiones reales.
Romano añadió otro componente: la digitalización y la inteligencia artificial permitirán integrar educación financiera de manera más natural a la vida cotidiana. En la práctica, eso podría significar que al abrir una cuenta digital o contratar un producto, el usuario reciba guías contextuales, simulaciones de pago, alertas de sobreendeudamiento o recomendaciones para ahorrar. La promesa es reducir fricción y errores.
Para empresas, hay un paralelo inmediato: educación financiera interna. No hablamos de convertir a todo el equipo en analistas, sino de estandarizar conductas que protegen el flujo: políticas de viáticos, uso responsable de tarjetas corporativas, comprensión básica de tasas y comisiones, y disciplina de cobranza. Si el objetivo del sistema es tener “clientes financieramente sanos”, una empresa que entrena hábitos financieros —y los mide— se vuelve mejor sujeto de crédito.
Además, la educación financiera puede apoyar inclusión productiva: que personas y pequeñas empresas sean más productivas, como señaló Romano. En cadenas de suministro, esto puede elevar la calidad de proveedores y distribuidores: mejores prácticas de cobro/pago, menos rupturas por falta de liquidez y más estabilidad operativa.
La clave, como remarcó la ABM, es medir resultados. Si no se mide, no se sabe qué funciona. Y si no se sabe qué funciona, el crédito puede crecer, sí, pero con un costo: más estrés financiero y más riesgo para todos.
Importancia de la coordinación entre autoridades y sector privado
La ABM pone la coordinación en el centro por una razón práctica: el sistema financiero y las autoridades tienen piezas distintas del rompecabezas. Gómez
Este artículo se basa en declaraciones públicas de la ABM y en cifras macroeconómicas y del sistema bancario disponibles al momento de publicación. Algunas métricas (crecimiento, morosidad, penetración) podrían ajustarse a medida que se actualicen las estadísticas oficiales y la información sectorial. Si vas a tomar decisiones de financiamiento, conviene contrastar estos puntos con datos recientes de tu banco, tu industria y tu propio flujo.