Mejora de la estabilidad económica en México
- La deuda pública en moneda extranjera bajó a 21.7% al cierre de abril, el menor nivel desde 1990.
- La fortaleza del peso y menores tasas externas han ayudado a reducir el peso (en pesos) del endeudamiento externo.
- Moody’s bajó la calificación de México de Baa2 a Baa3 y S&P cambió perspectiva de estable a negativa, con el aumento de la deuda total como telón de fondo.
- Para empresas con exposición dólar, el mensaje clave es: menos deuda externa soberana suele significar menor vulnerabilidad cambiaria y más previsibilidad macro.
Menor deuda externa, mayor estabilidad
Tres canales explican por qué una menor proporción de deuda en moneda extranjera suele asociarse con más estabilidad macro:Tipo de cambio: si el peso se deprecia, el saldo y el servicio de la deuda en divisas “suben” medidos en pesos; con menos deuda externa, ese golpe suele ser menor.Tasas y primas de riesgo: una menor exposición a choques externos puede reducir la percepción de fragilidad y, con ello, moderar el costo de financiamiento (o al menos su volatilidad).Riesgo país y crédito: cuando el soberano luce menos vulnerable a un shock cambiario, suele haber menos presión sobre spreads, liquidez y apetito por riesgo México, lo que termina importando a empresas que se fondean o importan.
Evolución de la deuda externa en México
En los últimos años, México ha cambiado de manera visible la “mezcla” de su endeudamiento público: menos financiamiento externo y más deuda colocada en el mercado local. Nosotros leemos este movimiento como una señal relevante para el entorno de negocios de 2026, porque reduce un canal clásico de estrés macro: el salto del tipo de cambio que encarece, de golpe, el servicio de la deuda denominada en dólares u otras divisas.
El dato más directo está en la composición: al cierre de abril, 21.7% de toda la deuda pública estaba en moneda extranjera y 78.3% en pesos (cifras oportunas de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, SHCP). En el cierre de 2025, las proporciones fueron prácticamente iguales (21.9% externa y 78.1% interna). En ambos cortes, la Secretaría de Hacienda reporta que se trata de la menor proporción de deuda externa desde 1990 (y, en espejo, la mayor proporción de deuda interna en ese mismo horizonte).
| Año | Deuda en moneda extranjera (% del total) | Deuda en pesos (% del total) |
|---|---|---|
| 2021 | 33.8% | 66.2% |
| 2025 | 21.9% | 78.1% |
| 2026 (abril) | 21.7% | 78.3% |
Esta trayectoria no es un accidente de un trimestre. La nota dominante es una serie de descensos que inicia en 2021, después del episodio de la pandemia, y se extiende hasta 2025. En ese periodo, la proporción de deuda externa respecto al total pasó de 33.8% a 21.9%, según cifras oportunas de Hacienda citadas en el análisis.
Hay dos mecanismos detrás que importan para quien administra tesorería en una empresa mexicana:
1) Efecto tipo de cambio: un peso más fuerte frente al dólar implica que, al medir la deuda externa en pesos, el saldo “pesa” menos. Dicho de forma simple: si el gobierno debe dólares, pero el peso se aprecia, se requieren menos pesos para cubrir esos dólares.
2) Costo de financiamiento externo: el entorno de tasas también influye. Cuando el mercado externo ofrece condiciones relativamente más favorables, el costo puede bajar; pero el punto aquí es que México ha privilegiado el mercado local para limitar exposición cambiaria, aun cuando afuera se puedan encontrar tasas más bajas.
En 2025, además, el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (en su análisis de la Cuenta de la Hacienda Pública Federal 2025) documentó que la deuda externa bruta se redujo de 13.4% a 12.2% del PIB, atribuyendo el comportamiento a un menor endeudamiento externo y a un manejo que privilegia emisiones en el mercado nacional para limitar efectos del mercado cambiario.
Para el sector privado, el mensaje no es que “desaparece” el riesgo país, sino que cambia su composición: menos presión por el lado de la deuda externa suele traducirse en menor probabilidad de episodios abruptos de ajuste por tipo de cambio, que típicamente encarecen importaciones, elevan primas de riesgo y endurecen condiciones de crédito.
Proporción de la deuda pública en moneda extranjera
La proporción de deuda pública denominada en moneda extranjera es una de esas variables que, sin ser titular diario, termina influyendo en el costo de capital de toda la economía. Cuando el soberano está muy expuesto a divisas, el país se vuelve más sensible a choques externos: un movimiento del dólar puede inflar el saldo de deuda (en moneda local) y elevar la carga de intereses, presionando presupuesto y, por extensión, expectativas de estabilidad.
En México, el punto de referencia reciente es claro: 21.7% de la deuda pública en moneda extranjera al cierre de abril. En el cierre de 2025, 21.9% estaba en moneda extranjera. Hacienda identifica estos niveles como los más bajos para deuda externa (y más altos para deuda interna) desde 1990.
Para entender por qué esto es una ventaja, conviene separar dos capas:
- Riesgo: la deuda en moneda extranjera introduce riesgo cambiario directo. Si el peso se deprecia, el saldo y el servicio de esa deuda aumentan medidos en pesos, incluso si no cambia la tasa ni el principal en dólares.
- Costo: la deuda en pesos suele ser más cara que la deuda en dólares, porque las tasas domésticas tienden a ser más altas. Esto es un trade-off real: menos riesgo cambiario, potencialmente más costo financiero en moneda local.
Equilibrio entre deuda y riesgo
Menos deuda en divisas suele mejorar la resiliencia, pero no es “gratis”:A favor: menor riesgo de que una depreciación dispare el saldo y el servicio de deuda medidos en pesos.En contra: el financiamiento en pesos puede implicar tasas más altas y, por tanto, mayor presión presupuestaria por intereses.Punto fino: la mezcla óptima depende de (1) qué tan estables son los ingresos en pesos, (2) qué tan profundo es el mercado local, y (3) qué tan bien se gestionan coberturas y vencimientos.
Tamón Takahashi, experto en finanzas públicas y economista en jefe en TKA Analytica, lo resumió con una frase que nosotros usaríamos también para explicar decisiones de pasivos en empresas:
“Que tu deuda esté más en pesos que en dólares, tiene la ventaja de estar menos expuesto a choques externos que no controlas y que te pueden llegar inesperados. Pero, por otro lado tienes el inconveniente que el costo del dinero en pesos es más alto, que en otras economías, como Estados Unidos”.
Tamón Takahashi, economista en jefe en TKA Analytica.
Ese “inconveniente” se ve en el diferencial de tasas de referencia: Estados Unidos mantiene su rango en 3.50% a 3.75%, mientras México se mantiene en 6.5%. Para un soberano (y para una empresa), endeudarse en la moneda con menor tasa puede parecer atractivo; pero si los ingresos y la recaudación están en pesos, la deuda en dólares agrega un riesgo que puede materializarse justo cuando el mercado se pone más adverso.
En el plano operativo, una mayor proporción de deuda en pesos también significa que el gobierno tiene más margen para gestionar su perfil dentro del marco institucional local. Takahashi subraya que, manteniendo la mayoría en moneda nacional, México tiene “más instrumentos y mecanismos a la mano, como las coberturas, para mitigar riesgos y costos” ante cambios en mercados domésticos e internacionales.
Para CFOs y tesorerías, esto conecta con una idea práctica: el soberano, al reducir su exposición cambiaria, tiende a reducir la probabilidad de ajustes abruptos que contagien a spreads, liquidez y apetito de riesgo en el sistema financiero local.
Impacto de la fortaleza del peso en la deuda externa
La fortaleza del peso es uno de los factores más visibles detrás del descenso reciente de la deuda externa medida como proporción del total. En términos contables y de flujo, el mecanismo es directo: si una parte de la deuda está denominada en dólares, un peso más fuerte implica que el gobierno necesita menos pesos para pagar intereses y principal en esa moneda, y que el saldo medido en pesos se reduce.
El análisis citado atribuye a la fortaleza del peso —junto con menores tasas en el mercado externo— un papel central en la serie de descensos que arranca en 2021. Esto importa porque, aun si el gobierno no “paga” toda la deuda de golpe, la valuación y el costo financiero anual sí se ven afectados por el tipo de cambio.
Impacto cambiario en deuda externa
Cómo el tipo de cambio “mueve” la deuda externa medida en pesos (ejemplo simple):
1) Supón que el gobierno debe USD 100.
2) Si el tipo de cambio es 20 MXN/USD, ese saldo equivale a 2,000 MXN.
3) Si el peso se aprecia a 17 MXN/USD, el mismo saldo equivale a 1,700 MXN.
Puntos de verificación para no confundirse:La deuda en dólares no cambió (sigue siendo USD 100); lo que cambia es su valuación en pesos.El efecto se nota en (a) el saldo reportado en pesos y (b) el presupuesto necesario en pesos para pagar intereses/amortizaciones en dólares.Si el peso se deprecia, el mecanismo opera al revés y el saldo “sube” en pesos.
Hay un dato que aterriza el efecto en el costo financiero: entre enero y abril de este año, el pago de intereses por financiamientos externos decreció 10.4% real frente al mismo periodo del año anterior. En contraste, el costo financiero por la deuda en pesos se redujo 0.5% real anual. La lectura es que, en el margen, el componente externo se abarató más rápido en ese periodo, consistente con un entorno donde el tipo de cambio y/o condiciones externas jugaron a favor.
Para empresas importadoras y exportadoras, el canal de transmisión no es solo “macro”. Un peso fuerte suele:
- abaratar (en pesos) ciertos insumos importados y pagos en dólares;
- reducir presiones inflacionarias importadas en algunos rubros;
- y, en el caso del soberano, disminuir la carga en pesos de la deuda externa, lo que puede contribuir a una percepción de menor fragilidad financiera.
Pero hay que mantener el equilibrio: el mismo artículo subraya que el costo del dinero en pesos es más alto que en Estados Unidos. Es decir, la estrategia de privilegiar deuda interna reduce exposición cambiaria, pero no elimina el reto del costo financiero doméstico.
Para el gobierno, esto hace que el “precio” de financiarse en pesos sea mayor, aunque el “riesgo” de financiarse en dólares sea distinto y potencialmente más peligroso en episodios de depreciación.
Desde nuestra perspectiva, el punto útil para la empresa es este: cuando el soberano está menos expuesto al dólar , el país suele ser menos vulnerable a un círculo vicioso típico de mercados emergentes (depreciación → sube deuda en pesos → sube riesgo → más depreciación). No es una garantía, pero sí un amortiguador.
Revisión de calificaciones crediticias por parte de Moody's
La composición de la deuda ayuda, pero no opera en el vacío. En mayo, Moody’s revisó a la baja la nota de crédito de México de Baa2 a Baa3, mientras S&P cambió la perspectiva de estable a negativa. En ambos casos, el aumento de la deuda pública resonó como parte de los motivos detrás de los ajustes.
Aquí conviene ser precisos: el hecho de que México tenga menos deuda externa como proporción del total es una ventaja frente a calificadoras, pero no necesariamente compensa otras preocupaciones. Takahashi lo plantea con claridad: la calificación depende de “muchos factores que van más allá” del manejo de la deuda. Entre esos factores menciona:
- política fiscal para generar más ingresos;
- política presupuestaria (en qué se gasta el dinero público);
- y el estado de salud del Estado de Derecho.
Claves para evaluar la deuda
Una forma práctica de leer a Moody’s/S&P (sin perderse en el titular) es separar “mezcla de deuda” de “historia fiscal”:Nivel y trayectoria de deuda: si la deuda total sube rápido, suele pesar en la evaluación.Composición y riesgos: más deuda en pesos y menos en divisas suele reducir el riesgo cambiario.Costo de intereses: qué tan pesado se vuelve el servicio de deuda en el presupuesto.Ingresos y flexibilidad fiscal: capacidad de recaudar más o ajustar gasto sin frenar la economía.Instituciones y certidumbre: calidad de reglas, ejecución presupuestaria y entorno institucional.
La mezcla (menos deuda externa) puede ser un mitigante, pero normalmente no sustituye a los demás factores.
Desde Hacienda, el secretario Édgar Amador Zamora respondió que el país cuenta con una serie de acciones para dar revés a las revisiones, y destacó como elemento central que la mayoría de la deuda pública está contratada en pesos mexicanos. En términos de narrativa hacia calificadoras, esto busca reforzar la idea de que México está menos expuesto a choques externos que no controla.
Takahashi, sin entrar en política, reconoce dos cosas que son relevantes para el análisis de riesgo:
1) El marco legal da a la Secretaría de Hacienda instrumentos para mejorar el perfil de la deuda doméstica y externa. Es decir, hay capacidad técnica e institucional para gestionar vencimientos, composición y riesgos.
2) Aun con esa capacidad, la calificación soberana incorpora un conjunto más amplio de variables. Por eso, una mejora en composición (menos deuda externa) puede ser un mitigante, pero no el único determinante.
Para empresas medianas, el impacto de una revisión de calificación o perspectiva suele sentirse por canales indirectos: costo de fondeo bancario, spreads en emisiones, apetito de inversionistas por riesgo México y, en general, condiciones de liquidez. En ese sentido, que el país muestre una menor proporción de deuda externa puede ayudar a sostener una narrativa de prudencia financiera, incluso cuando el nivel total de deuda sea tema de conversación.
La conclusión operativa que nosotros extraemos es: si su empresa depende de crédito, o si tiene pasivos en dólares, vale la pena monitorear no solo la calificación, sino los argumentos detrás. En este caso, el argumento “positivo” es la menor exposición cambiaria del soberano; el argumento “de alerta” es el aumento de la deuda pública total que motivó los ajustes.
Tendencias en la deuda externa desde 1995
Para dimensionar por qué el nivel actual es relevante, hay que mirar el arco largo. La proporción de la deuda externa respecto a la deuda pública bruta tocó su nivel máximo en 1995, tras el llamado Error de diciembre. A partir de ahí, se observó un descenso continuo hasta alcanzar mínimos en 2008, año de la crisis financiera mundial. Después, la proporción volvió a incrementarse, con picos en 2016 y 2020 (año de la pandemia), antes de iniciar una nueva serie de descensos anuales desde 2021.
Hitos clave de la serie
Hitos para leer los picos y caídas (sin sobrecargar el texto):1995: máximo tras el “Error de diciembre”.2008: mínimos en el año de la crisis financiera global.2016: repunte/pico en el ciclo posterior.2020: nuevo pico en el año de la pandemia.2021–2025: serie de descensos anuales (33.8% → 21.9%).2026 (abril): se mantiene en niveles bajos (21.7%).
Ese patrón —picos en episodios de estrés y ajustes posteriores— es consistente con lo que suele ocurrir cuando el entorno externo cambia: crisis, volatilidad, necesidad de financiamiento, y luego reequilibrio. Lo que distingue al ciclo reciente es que el descenso desde 2021 se apoya en una combinación de fortaleza cambiaria y una estrategia explícita de privilegiar el mercado local.
El dato puntual de la serie reciente es contundente: de 33.8% del total de los financiamientos en 2021, la deuda externa como proporción bajó a 21.9% en 2025, y a 21.7% al cierre de abril de 2026. En paralelo, la deuda interna subió a niveles récord de participación (78%+).
También hay un elemento de política pública de largo plazo: el descenso histórico de la deuda externa se asocia con políticas impulsadas desde el sexenio de Ernesto Zedillo hasta el actual para reducir la vulnerabilidad de las finanzas públicas ante factores externos. Es decir, no es solo coyuntura; hay continuidad institucional en la preferencia por reducir exposición a moneda extranjera.
Para el lector empresarial, este contexto histórico sirve para dos cosas:
- recordar que la exposición externa del soberano ha sido un amplificador de crisis en el pasado;
- y entender que la estrategia actual busca evitar que un choque externo (tipo de cambio, tasas globales, aversión al riesgo) se traduzca automáticamente en un deterioro acelerado del perfil de deuda.
En términos de gestión de riesgos, esto se parece a una empresa que decide “pesificar” pasivos para alinear moneda de deuda con moneda de ingresos. Puede costar más en tasa, pero reduce el riesgo de que una depreciación convierta un pasivo manejable en un problema de solvencia.
La pregunta que queda abierta —y que conecta con lo que miran las calificadoras— es cómo se equilibra esta ventaja (menor exposición externa) con la trayectoria de la deuda total y con la capacidad fiscal de sostenerla.
Crecimiento de los requerimientos financieros del sector público
La composición de la deuda es solo una parte del rompecabezas. La otra es la dinámica de los Saldos Históricos de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP), que es una medida amplia del endeudamiento del sector público.
Entre 2021 y 2025, Hacienda reporta que los SHRFSP internos crecieron en promedio anual 7.22% real, mientras los externos (medidos en pesos) decrecieron 5.04% en promedio anual. Esta divergencia es clave: el sector público se financió más “hacia adentro” y menos “hacia afuera”, reforzando la tendencia de menor exposición a moneda extranjera.
| Periodo (promedio anual real) | SHRFSP internos | SHRFSP externos (medidos en pesos) |
|---|---|---|
| 2021–2025 | +7.22% | −5.04% |
Desde el punto de vista de estabilidad macro, esto tiene dos lecturas simultáneas:
- Lectura positiva: al caer el componente externo (en pesos), el país reduce sensibilidad a depreciaciones y a condiciones financieras internacionales. Además, el análisis del CEFP sobre 2025 subraya que el manejo de deuda privilegió emisiones en mercados nacionales para limitar efectos del mercado cambiario.
- Lectura de costo: si el crecimiento del endeudamiento se concentra en el mercado local, el costo financiero puede estar más atado a la tasa doméstica, que es más alta que la de Estados Unidos (6.5% vs 3.50%–3.75% en el rango citado). Esto no es necesariamente malo, pero sí implica que el “precio” de la estrategia puede reflejarse en el presupuesto vía intereses.
El dato de costo financiero por tipo de deuda ayuda a matizar: en enero-abril, el costo financiero de la deuda externa cayó 10.4% real, mientras el de la deuda en pesos bajó 0.5% real. Es decir, en el margen reciente, el componente externo se abarató más rápido, pero la estrategia estructural sigue siendo reducir su peso relativo.
Para empresas, el vínculo con SHRFSP no es académico. Cuando el sector público incrementa sus requerimientos financieros internos, compite por ahorro y liquidez en el mercado local. En ciertos contextos, eso puede influir en tasas, disponibilidad de crédito y apetito de intermediarios por prestar a empresas. No estamos diciendo que ocurra mecánicamente, pero sí que es un canal que vale la pena vigilar.
Finalmente, el telón de fondo de 2026 es que el aumento de la deuda pública fue parte de lo que “resonó” en las decisiones de Moody’s y S&P. Por eso, aunque la menor deuda externa sea una ventaja, la conversación completa incluye la trayectoria total de endeudamiento y la capacidad
Este análisis lo escribimos desde Mundi, con foco en cómo cambios en la composición de la deuda soberana y el tipo de cambio suelen transmitirse a decisiones de tesorería (cobros, pagos, spreads y liquidez) en empresas mexicanas que importan o exportan.
Las cifras y eventos citados reflejan información pública disponible al momento de publicación (con cortes hasta abril de 2026 y datos 2021–2025). La composición de la deuda y las decisiones de las calificadoras pueden variar conforme se publiquen nuevos datos fiscales, cambie el tipo de cambio o se ajusten políticas. Para decisiones de tesorería, conviene contrastar esta información con las actualizaciones más recientes de Hacienda y los comunicados vigentes de las agencias.