Fuente del dato: Banco de México (Banxico), con base en cifras a abril de 2026 reportadas en cobertura de La Jornada (13 de junio de 2026).

Aumento significativo en cartera vencida de créditos

Por “créditos al consumo” nos referimos a financiamientos bancarios a personas para adquirir bienes y servicios, como tarjetas de crédito, préstamos personales y créditos de nómina.

  • A abril de 2026, la cartera vencida de créditos al consumo llegó a 61,695 millones de pesos, máximo histórico para un mes comparable.
  • Frente a abril de 2025 (45,532 millones), el saldo vencido creció 35.4% nominal (sin descontar inflación).
  • En un mes (marzo a abril) subió 0.2%: 183 millones de pesos adicionales.
  • En tarjetas de crédito, el impago alcanzó 24,018 millones, 48.2% más que un año antes.
Corte (Banxico) Marzo 2026 (mdp) Abril 2026 (mdp) Cambio m/m Abril 2025 (mdp) Cambio a/a
Cartera vencida total (consumo) 61,512 61,695 +0.2% (+183 mdp) 45,532 +35.4% nominal
Cartera vencida en tarjetas de crédito 24,018 16,197 +48.2%

Detalle del incremento en la cartera vencida de créditos al consumo

El dato no sólo destaca por el monto absoluto, sino por su velocidad de crecimiento: frente a abril de 2025, cuando el saldo vencido era de 45 mil 532 millones de pesos, el aumento fue de 35.4% en términos nominales (es decir, sin descontar inflación). En la comparación mensual, el avance fue menor pero persistente: respecto a marzo de 2026 (61 mil 512 millones), el saldo vencido subió 0.2%, un incremento de 183 millones de pesos.

Conviene precisar qué estamos midiendo. La cartera vencida agrupa financiamientos con al menos 90 días sin recibir un solo pago. Ese umbral es el que usa la estadística para clasificar un crédito como vencido. En otras palabras, no se trata de atrasos de días o de un pago parcial: es un umbral que, por definición, refleja estrés financiero sostenido en el acreditado.

Claves para interpretar la morosidadQué significa “vencida” aquí: créditos con ≥90 días sin un solo pago (no atrasos cortos).Cómo leer “35.4% nominal”: es crecimiento sin descontar inflación; sirve para ver el salto en pesos corrientes.Qué comparación responde a qué pregunta:m/m (marzo→abril): si el deterioro sigue avanzando en el margen.a/a (abril 2025→abril 2026): cuánto se acumuló el deterioro en 12 meses.Por qué importa el “mes comparable”: el récord se refiere a comparar el mismo mes entre años (abril vs abril), evitando mezclar estacionalidad.

Y el fenómeno ocurre dentro de un universo de productos que, por diseño, se usan para el día a día: tarjetas de crédito, préstamos personales, créditos de nómina, entre otros. Son instrumentos pensados para financiar bienes y servicios de corto plazo; por eso, cuando el impago crece, suele ser una señal temprana de presión sobre el ingreso disponible de los hogares y, por extensión, sobre el consumo.

Causas del aumento en la morosidad

El repunte de la morosidad en créditos al consumo no aparece en el vacío. Analistas citados en la cobertura señalan dos mecanismos que se refuerzan entre sí: por un lado, el límite de endeudamiento tras varios años de expansión del crédito posterior a la pandemia; por otro, el deterioro del poder adquisitivo por el aumento acumulado de precios en años recientes.

En conjunto, estos factores ayudan a explicar por qué el saldo vencido se mantiene en máximos, incluso si el ritmo de crecimiento mensual se ha moderado. Jorge Sánchez Tello, consultor estratégico senior del sector financiero, advierte que es prematuro concluir que la morosidad ya tocó techo: el crecimiento puede desacelerarse, pero el nivel sigue siendo históricamente alto.

Presión del gasto y morosidad
1) Causa: inflación acumulada + menor holgura del ingreso + endeudamiento tras años de expansión del crédito.
2) Mecanismo (lo que pasa en el hogar): más gasto esencial absorbe el presupuesto → se usa crédito (especialmente tarjeta) para “tapar” faltantes → el pago mínimo/total se vuelve más difícil.
3) Efecto observable en la estadística: atrasos que cruzan el umbral de 90 días sin pago → sube la cartera vencida.
Checkpoints para no perderse al interpretar:Si sube más tarjetas que el total, suele indicar presión en gasto cotidiano.Si el a/a es alto pero el m/m es bajo, puede ser “acumulación previa” asentándose en un nivel elevado.Si empeora empleo o sigue creciendo el crédito nuevo sobre hogares presionados, el impago tiende a extenderse (la validación que sugiere Sánchez Tello).

Para empresas medianas —en especial las que dependen del consumo interno o que venden a cadenas con exposición al gasto de los hogares— este diagnóstico importa por una vía concreta: cuando el consumidor se aprieta, cambia la mezcla de compra, se alargan decisiones de gasto y aumenta la sensibilidad al precio. Y cuando la banca percibe más riesgo en consumo, suele ajustar originación y cobranza, con efectos indirectos sobre el costo del crédito en general.

Impacto de la inflación en el poder adquisitivo

El aumento acumulado de precios en los años recientes aparece como un factor central: reduce el ingreso real y, con ello, la capacidad de cumplir puntualmente obligaciones financieras. La lógica es directa: si el gasto esencial (alimentos, servicios, transporte) absorbe una mayor proporción del ingreso, el margen para pagar deuda se estrecha.

En ese contexto, las tarjetas de crédito tienden a convertirse en un “puente” para financiar gastos cotidianos. La propia nota recuerda que, cuando hay presiones sobre el ingreso, muchas familias recurren a la tarjeta para cubrir compras básicas o pagos recurrentes. El problema es que ese puente se vuelve frágil si el pago no llega a tiempo: los saldos se acumulan y el atraso puede transformarse en impago prolongado.

Aquí es relevante la advertencia de Condusef (Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros): una tarjeta de crédito no debe verse como extensión del ingreso ni como “dinero adicional”. Cuando se usa así, el riesgo de sobreendeudamiento aumenta, especialmente si el hogar ya enfrenta un entorno de precios altos y menor holgura financiera.

Para leer el dato con cuidado: el incremento de 35.4% reportado es nominal. Aun sin ajustar por inflación, el salto es suficientemente grande como para sugerir que no se trata sólo de un efecto contable por precios, sino de un deterioro real en la capacidad de pago de una parte de los acreditados.

Sobreendeudamiento de los hogares

El segundo motor es el ciclo de crédito posterior a la pandemia. De acuerdo con analistas, tras varios años de crecimiento acelerado del financiamiento al consumo, una parte de los hogares habría llegado al límite —o lo habría rebasado— en su capacidad para asumir nuevas deudas.

Este punto es clave porque el crédito al consumo suele crecer cuando el mercado laboral y el ingreso se perciben estables; pero si el crédito se expande más rápido que la capacidad de pago, el sistema acumula vulnerabilidad. En ese escenario, basta un choque (o una presión persistente) para que el atraso se generalice en ciertos segmentos.

La evidencia más visible está en el comportamiento de productos de uso cotidiano. Las tarjetas de crédito, por ejemplo, son un instrumento flexible: permiten diferir pagos y cubrir faltantes temporales. Pero esa flexibilidad también acelera el deterioro cuando el hogar deja de pagar: el saldo vencido se vuelve un termómetro de estrés financiero.

Sánchez Tello lo resume en una frase que vale como guía de lectura: la banca puede mostrar resiliencia, pero el consumidor está bajo presión. Y, para validar si la curva de morosidad baja o si se instala un “nuevo piso” más alto, recomienda vigilar dos variables en los próximos trimestres: el desempleo y el crecimiento del crédito nuevo.

Datos clave sobre la cartera vencida en 2026

Los números de abril de 2026 permiten dimensionar el fenómeno en dos cortes: el agregado total de cartera vencida de consumo y el segmento de tarjetas de crédito, donde el deterioro interanual es particularmente marcado.

En términos de lectura empresarial, estos datos funcionan como un indicador adelantado de presión sobre el gasto de los hogares. No describen toda la economía, pero sí un componente sensible: el financiamiento de corto plazo que sostiene consumo cotidiano. Cuando ese financiamiento se rompe, el ajuste suele sentirse en ventas, rotación de inventarios y, en algunos sectores, en devoluciones o cambios de mix hacia productos más baratos.

A continuación, los dos cortes principales reportados para abril y su comparación anual.

Indicador (Banxico; abril) 2025 (mdp) 2026 (mdp) Variación a/a Nota de lectura
Cartera vencida total (créditos al consumo) 45,532 61,695 +35.4% nominal Señal agregada de estrés en financiamiento de corto plazo de hogares
Cartera vencida en tarjetas de crédito 16,197 24,018 +48.2% Segmento típicamente ligado a gasto cotidiano; suele reaccionar rápido a presión de ingreso

Cartera vencida total y su comparación interanual

El saldo total de cartera vencida de créditos al consumo cerró abril de 2026 en 61,695 millones de pesos, según Banxico. En abril de 2025, el saldo era de 45,532 millones. La diferencia implica un aumento de 35.4% en un año.

En la comparación mensual, el movimiento fue menor pero relevante por su persistencia: marzo de 2026 registró 61,512 millones, y abril subió a 61,695 millones, es decir, 183 millones de pesos adicionales (0.2%).

Este patrón —crecimiento anual fuerte y avance mensual moderado— es consistente con la idea de que el sistema está en una fase donde el deterioro ya se acumuló y ahora se está “asentando” en niveles altos. Por eso, el debate no es sólo si el crecimiento se desacelera, sino si el nivel se normaliza hacia abajo o se mantiene como un nuevo escalón.

Para quienes toman decisiones financieras en empresas medianas, el dato sugiere cautela en dos frentes: (1) sensibilidad del consumidor al precio y al crédito, y (2) posible endurecimiento gradual de políticas de originación y cobranza en productos masivos, con efectos indirectos sobre el apetito de riesgo del sistema.

Cartera vencida de tarjetas de crédito

En el segmento de tarjetas de crédito, el portafolio en impago sumó 24,018 millones de pesos al cierre de abril de 2026. En abril de 2025, el saldo vencido era de 16,197 millones. El incremento interanual fue de 48.2%, un salto más pronunciado que el del agregado total.

Este dato es especialmente sensible porque las tarjetas suelen ser el instrumento al que se recurre para financiar gastos cotidianos cuando el ingreso no alcanza: alimentos, servicios, transporte. En periodos de presión sobre el ingreso, la tarjeta puede funcionar como amortiguador; pero cuando el hogar no logra estabilizar su flujo, el atraso se vuelve estructural y cruza el umbral de 90 días sin pago.

La advertencia de Condusef cobra aquí un peso práctico: tratar la línea de crédito como si fuera ingreso adicional puede acelerar el sobreendeudamiento. Y cuando el impago crece en tarjetas, el ajuste suele ser rápido: el crédito revolvente es de corto plazo, y la cobranza tiende a intensificarse.

Para el ecosistema empresarial, un aumento tan fuerte en cartera vencida de tarjetas puede traducirse en un consumidor más restrictivo, con menor tolerancia a compras discrecionales y mayor preferencia por pagos inmediatos o por reducir el uso de crédito en comercios.

Consecuencias para las familias y el sistema financiero

El aumento de la cartera vencida de consumo tiene dos lecturas simultáneas. La primera es social y microeconómica: hogares con menos margen, mayor estrés de liquidez y decisiones de gasto más defensivas. La segunda es financiera: cómo reacciona la banca ante un deterioro que, aunque no necesariamente implica una crisis sistémica, sí obliga a ajustar gestión de riesgo.

Sánchez Tello plantea una idea útil para ordenar el análisis: la resiliencia de la banca mexicana es robusta, pero el consumidor enfrenta presión significativa. Esa combinación suele producir un entorno donde el crédito existe, pero se vuelve más selectivo; y donde el costo de equivocarse (para hogares y para originadores) aumenta.

Protección de cartera vs consumoEn hogares (impacto): menos margen de liquidez → más probabilidad de recortar consumo y/o caer en impago; el costo de financiarse con tarjeta puede escalar rápido si el atraso se prolonga.En banca (reacción): más foco en gestión de riesgo y cobranza → criterios de originación más selectivos y ajustes en límites/condiciones (no necesariamente “cierre”, pero sí mayor exigencia).En empresas (efecto indirecto): demanda más sensible a precio y promociones; cambios en mix hacia esenciales; posible fricción en crédito (aprobaciones más lentas, más documentación) y en cobranza si venden a plazos.Trade-off central: proteger calidad de cartera suele implicar menos crédito fácil en el margen, lo que puede enfriar consumo justo cuando el hogar está más presionado.

Para empresas medianas, estas consecuencias importan por el canal del mercado: si el consumidor se aprieta, la demanda cambia; si el sistema financiero se vuelve más prudente, el crédito se reasigna hacia perfiles con mejor historial o mayor estabilidad, y eso puede afectar cadenas de valor completas.

Presiones sobre el consumo familiar

Cuando una proporción mayor de hogares entra en impago (90 días o más sin pagar), el ajuste no se limita al crédito: suele reflejarse en el patrón de consumo. La nota subraya que muchas familias están “al límite” o ya rebasaron su capacidad de endeudamiento, y que las tarjetas se usan para financiar gastos cotidianos.

Esa combinación suele empujar tres comportamientos: priorización de esenciales, postergación de compras de corto plazo no indispensables y mayor dependencia de instrumentos de crédito para cubrir baches de liquidez. Pero si el crédito se vuelve impagable, el hogar pasa de “financiarse” a “recortar”.

En términos macro, el consumo es un componente central de la actividad económica; por eso, un deterioro visible en crédito al consumo funciona como señal de alerta sobre el pulso del gasto privado. Sin necesidad de extrapolar a todo el PIB, el mensaje es claro: hay un segmento de hogares para el que el crédito dejó de ser palanca y se convirtió en carga.

Para empresas que venden al mercado interno, esto se traduce en decisiones operativas: ajustar inventarios, revisar elasticidades de precio, reforzar estrategias de cobranza propia (si venden a crédito) y monitorear devoluciones o cambios en ticket promedio.

Reacciones del sistema bancario

Del lado bancario, un aumento de cartera vencida suele activar respuestas de gestión de riesgo: mayor vigilancia de portafolios, ajustes en originación y, en algunos casos, cambios en límites o condiciones de crédito. La nota no detalla medidas específicas por institución, pero sí ofrece una guía de lectura: aunque el crecimiento se ha moderado en meses recientes, los niveles siguen en máximos, y es pronto para declarar un punto de inflexión.

En ese contexto, la recomendación de Sánchez Tello de vigilar desempleo y crédito nuevo es relevante también para entender la reacción bancaria. Si el empleo se debilita o el crédito nuevo sigue creciendo sin mejora en capacidad de pago, el sistema tenderá a endurecer criterios. Si, en cambio, el ingreso se estabiliza y el crédito nuevo se modera, podría abrirse espacio para una normalización gradual.

Para empresas medianas, el efecto puede sentirse indirectamente: cuando el riesgo en consumo sube, la banca suele reevaluar apetito de riesgo en general. No significa cierre del crédito, pero sí puede implicar procesos más estrictos, mayor documentación o un sesgo hacia clientes con flujos más predecibles.

Perspectivas futuras para la morosidad en créditos

Con los datos disponibles a abril de 2026, el punto central no es “adivinar” el próximo dato mensual, sino entender qué condiciones harían que la morosidad baje o, por el contrario, se estabilice en un nivel alto.

El propio Sánchez Tello plantea que es prematuro afirmar que la morosidad ya alcanzó su máximo. Su argumento combina dos observaciones: (1) el ritmo de crecimiento se ha moderado en meses recientes, pero (2) los niveles permanecen en máximos históricos. En otras palabras, la pendiente puede ser menor, pero el punto de partida es elevado.

Bajo esa lógica, el escenario hacia adelante depende de variables que funcionan como “validadores” del ciclo: el curso del desempleo y el crecimiento del crédito nuevo. Si el empleo se deteriora, el impago puede extenderse; si el crédito nuevo sigue expandiéndose sobre hogares ya presionados, el sistema puede acumular más cartera problemática. Si ambas variables se comportan mejor —empleo estable y crédito nuevo más prudente—, la morosidad podría dejar de escalar y eventualmente normalizarse.

Indicadores clave a monitorear
Señales prácticas a monitorear en los próximos trimestres (más que el “dato del mes”):Empleo/ingreso: señales de deterioro en estabilidad laboral o en ingreso disponible.Crédito nuevo: si sigue creciendo con fuerza en segmentos presionados, puede anticipar más vencida.Uso de tarjeta para gasto corriente: más compras de esenciales con crédito suele preceder estrés de pago.Cobranza y condiciones: cambios en límites, tasas, requisitos o tiempos de aprobación suelen reflejar postura de riesgo.En tu negocio (si vendes al consumo): caída de ticket, más devoluciones, más solicitudes de pago diferido o atrasos en canales propios.

Para la dirección financiera de una empresa mediana, esta perspectiva se traduce en una agenda concreta de monitoreo: señales de estrés del consumidor (por ejemplo, cambios en demanda o en comportamiento de pago en canales propios), y señales de postura bancaria (condiciones, tiempos de aprobación, límites). No porque el crédito al consumo sea su producto, sino porque es un termómetro del ciclo que termina afectando ventas, cobros y planeación de caja.

Análisis de la Cartera Vencida de Créditos al Consumo en México

Contexto Económico Actual

Lo que vemos en 2026 es un dato financiero con lectura económica: la cartera vencida de consumo en máximos históricos refleja que una parte de los hogares enfrenta una restricción real. La nota atribuye el fenómeno a dos fuerzas: el crecimiento acelerado del crédito tras la pandemia y el impacto acumulado de la inflación sobre el poder adquisitivo.

En ese contexto, las tarjetas de crédito aparecen como el canal más visible de tensión: se usan para financiar gastos cotidianos cuando el ingreso no alcanza, pero el impago crece cuando esa estrategia deja de ser sostenible. La advertencia de Condusef —no tratar la tarjeta como ingreso— es, en el fondo, un recordatorio de que el crédito es una obligación futura, no una solución permanente.

Para empresas, el contexto importa porque el consumo cotidiano es el primer lugar donde se nota el ajuste: cuando el hogar se aprieta, cambia la rotación de productos, el tamaño del ticket y la disposición a financiar compras.

Resumen de causas del aumento

Las causas descritas en la información disponible se pueden resumir sin perder precisión:

1) Límite de endeudamiento: tras años de expansión del crédito posterior a la pandemia, una parte de los hogares llegó al tope de su capacidad de pago.

2) Pérdida de poder adquisitivo: el aumento acumulado de precios redujo el ingreso real disponible, dificultando el cumplimiento oportuno de obligaciones.

3) Uso de tarjetas para gasto corriente: en periodos de presión, la tarjeta se usa para alimentos, servicios y transporte; cuando el flujo no se recupera, el atraso se convierte en impago.

El resultado es un aumento anual fuerte en el agregado (35.4% nominal) y aún más pronunciado en tarjetas (48.2%), con un nivel total que marca récord.

Impacto en las Familias Mexicanas

El impacto más directo es la presión sobre el presupuesto del hogar. La cartera vencida, por definición, implica 90 días o más sin pago: es una señal de que el hogar no sólo está ajustado, sino que ya no pudo sostener el servicio de la deuda.

En la práctica, eso suele traducirse en decisiones defensivas: recortar gasto no esencial, priorizar pagos inmediatos y reducir el uso de crédito cuando es posible. Pero también puede implicar lo contrario en el corto plazo: usar más crédito para cubrir esenciales, lo que aumenta el riesgo de sobreendeudamiento.

Desde la óptica de empresas que venden al mercado interno, este impacto se refleja en demanda más vol


Nota de enfoque: en Mundi leemos estos datos como un termómetro del ciclo que termina impactando decisiones de capital de trabajo (cobro, inventario y planeación de caja) en empresas medianas mexicanas expuestas al consumo.

Este texto refleja información pública de Banxico y cobertura periodística disponible hasta abril de 2026. La cartera vencida se entiende como créditos con 90 días o más sin pago y, cuando se indica, en términos nominales. Los niveles y tendencias podrían variar conforme se publiquen nuevos datos mensuales.